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Semetabaj Hispano: Espiritualidad, pastoral, cultura y amistad.

Homilias para Villamediana

Tocando ya la Navidad

Tocando ya la Navidad

“Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa”

Pero para que la Navidad del Señor transforme nuestros corazones, la gran lotería que a todos debiera tocar, necesitamos despertar de la somnolencia y la desgana, como nos dice el Evangelio de este primer domingo de adviento.

Tenemos por delante cuatro semanas para avivar la lámpara de la fe con una oración más intensa, con una sobriedad alegre en el comer y en el beber y con una solidaridad desprendida para ayudar al que lo pasa peor que nosotros. La corona de Adviento, que se va iluminando semana a semana con una luz nueva, nos lo puede recordar.

Así la Navidad vendrá  y no pasará sin dejar huella, sino que ablandará nuestro corazón y dará luz y vida al mundo, a nuestras familias y a nuestras personas. Y entonces sí que será una felicísima Navidad.

El aceite de la fe

El aceite de la fe

El bienestar, que seguimos disfrutando a pesar de la crisis que padecemos, adormila las conciencias y deja al mundo en tinieblas. Urge despertar y  permanecer en vela, bien abastecidos con el aceite de la fe, como las doncellas sensatas de la parábola, para que no se apaguen nuestras lámparas y podamos caminar seguros, como acaba de recordarnos el Papa en su convocatoria del Año de la fe:

Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin. Que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero”.

¡Pongámonos a ello, que el tiempo apremia!

El ejemplo de Juan Pablo II

El ejemplo de Juan Pablo II

“A Dios lo que es de Dios”      

             No se trata, nos aclara Jesucristo en el Evangelio del domingo próximo, de contraponer deberes, dedicándonos a las cosas de Dios, con olvido del trabajo, el estudio o la convivencia con los demás. Si damos a Dios lo que es suyo, sentiremos que nos empuja hacia el prójimo. Y descubriremos que hay tiempo para Dios y para los otros.

            Nos enseñó a vivir de esta manera el inolvidable Papa Juan Pablo II. En un 16 de octubre fue elegido para su misión de Pastor universal. Vivió pendiente de Dios y volcado en los hombres. Defendió los derechos divinos y las libertades de pueblos y personas, sojuzgados por ideologías totalitarias. Que su intercesión nos ayude y su ejemplo nos guíe ¡Desde el cielo bien puede hacerlo!

La Misa Dominical

La Misa Dominical

La crisis, el paro, las dificultades, agobian y encojen el ánimo, escuchar la Palabra de Dios ensancha el corazón. Porque es una palabra firme, segura, que nunca falla y de la que uno se puede fiar.

En este domingo la escuchamos en forma de profecía: “Preparará el Señor de los ejércitos para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos.”

Y los creyentes tenemos la certeza de que esta profecía la cumple Jesucristo reuniendo en su Iglesia a gente de todos los pueblos en el banquete de la Eucaristía, fruto de su entrega y prenda de salvación, como canta el pueblo cristiano: “Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión; el alma se llena de gracia, y se nos da la prenda de la gloria futura”.

Por eso, participar en la Eucaristía a diario, o al menos cada domingo, es  buen antídoto contra la depresión y la tristeza, que agobian con demasiada frecuencia los corazones materializados y endurecidos de los hombres y mujeres de hoy.

(Campanas de San Miguel de Alfaro, La Rioja)

Lo imposible se puede hacer posible

Lo imposible se  puede hacer posible

A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama tiene cumplido el resto de la ley”. Escuchamos en la misa de hoy esta invitación del Apóstol San Pablo a los primeros cristianos y nos sigue pareciendo tan imposible de cumplir como les parecía a ellos.

Pero este imposible se hace posible, leemos en el evangelio, orando: “Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo”. Y se hace posible corrigiendo fraternalmente al que peca: “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano”. Y se puede realizar porque Dios ha dado a la Iglesia el poder de perdonar el pecado, el mayor atentado contra el amor: “Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo  lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”.

El alimento de Dios

El alimento de Dios

“Jesús alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio”

Y el mismo Jesús, Dios encarnado, vuelve a realizar estos gestos, a través de los sacerdotes, y vuelve a alimentar a la multitud hambrienta que somos los hombres y mujeres de hoy en cada celebración eucarística. Si fuéramos más conscientes a la hora de recibirlo en la comunión nuestro mundo sería distinto, sería mejor ¡Gran tarea para jóvenes y menos jóvenes! ¡Gran responsabilidad!

Nos apena el hambre material, pero no menos, el deterioro espiritual de tantas mentes escuálidas, de tantos corazones vacíos y  de tantos espíritus desesperanzados. Tenemos el remedio a nuestro alcance: dar el alimento de Dios a nuestro mundo hambriento, acercarlos a la Eucaristía. Este mes de agosto, en Madrid, todos estamos convocados por el Papa a realizar, con empuje juvenil, esta tarea ¡No le defraudemos!

Descubrir el gran tesoro de la vocación en la JMJ

Descubrir el gran tesoro de la vocación en la JMJ

Jesucristo dice, en el evangelio del próximo domingo, que quien descubre el tesoro o la perla preciosa del reino de los cielos, “lleno  de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo o la perla”. Enseña así que las renuncias que Dios  pide producen alegría, si se miran desde la fe, porque suponen ganancia. Sin fe, no se entenderían.

Si queremos vivir la alegría que el mundo no puede dar y que muestran en sus rostros los jóvenes que viven su fe y que se reúnen con el Papa en las Jornadas Mundiales de la Juventud, necesitamos fiarnos de Dios, como se fiaron los santos.

A ellos les pedimos que nos ayuden a descubrir el gran tesoro y que estemos dispuestos a todo por conseguirlo. Dios no se dejará ganar en generosidad y nos dará más de lo que le demos nosotros. Que aumente estos días nuestra oración para que la Jornada Mundial de la Juventud ayude a muchos jóvenes a hacer ese gran descubrimiento y a entregarse a Dios de corazón. 

Vigilantes para no perderse nada de la Jornada Mundial de la Juventud

Vigilantes para no perderse nada de la Jornada Mundial de la Juventud

Un hombre sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó”.

            El tiempo de verano no es para adormilarse porque se propagaría el mal en los corazones y en la sociedad. Es tiempo para despertar, que es tanto como decir: convivir, dialogar, proyectar iniciativas y aligerar así esta cansina y pesada sociedad.

            Así lo están haciendo cientos de jóvenes del mundo entero que ya tienen lista la mochila y el alma para participar en Madrid en la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa. ¿Nos quedaremos nosotros dormitando o les ayudaremos en su empeño? Pienso que podemos ayudarles, despertando y empujando, para contrarrestar la cizaña con el trigo bueno de una oración comprometida, una laboriosidad solidaria, una ejemplar transparencia y una alegría contagiosa y esperanzada.

   “El que tenga oídos que oiga”. Quizá tengamos que limpiar nuestros oídos con la penitencia, par que la sordera desaparezca y escuchemos los gritos fuertes de Dios que resonarán en los mensajes del Papa. Los jóvenes en Madrid van a dedicar tiempo a la confesión ¿no podríamos imitarles en nuestras parroquias frecuentando en este verano el confesonario?

Semilla divina para corazones humanos

Semilla divina para corazones humanos

Aunque el Evangelio se escribe y predica por vez primera en tiempos distintos a los nuestros, no deja de ser actual. Los pájaros que se comen la semilla al borde del camino, son, tal vez hoy, las opiniones infundadas y las críticas corrosivas de los medios de comunicación, contrarios a la fe y a la moral. El terreno pedregoso, la superficialidad de muchas vidas, o la falta de formación, o la educación sin valores. Las zarzas que ahogan la siembra, los placeres desenfrenados, la ganancia a toda costa, y la falta de transparencia y honradez en trabajos y negocios.

Hace falta remover los corazones, con silencio, reflexión y oración, para que la semilla divina pueda dar fruto. Para que los corazones humanos se hagan fecundos y se llenen de humanidad y de gracia divina.

 Nuestra entera sociedad reclama hoy esa tierra buena porque se muere de hambre y de pena, debatiéndose en una crisis que no toca fondo. Echa en falta solidez, futuro, valores, y fe, como lo prueba la gran respuesta a la convocatoria de la Jornada Mundial de la Juventud que va a celebrarse en Madrid con el Papa, y por la que tanto se está rezando y trabajando.

           

Preparando la mochila para la JMJ en Madrid

Preparando la mochila para la JMJ en Madrid

Estamos ya preparando la inminente Jornada Mundial de la Juventud, que será, sin duda, una bendición y una ocasión para renovar el entusiasmo y la entrega a un Dios que se esconde a los soberbios y se manifiesta a los sencillos. Y que se hará patente en el testimonio y la alegría que suscita la visita del Papa en los miles de jóvenes que lo esperan en Madrid.

No podemos quedarnos al margen. Es una ocasión magnífica para redescubrir a Dios, a quien tal vez  tenemos un poco olvidado, y que nos invita este domingo en las lecturas de la misa, con palabras encendidas, a encontrarnos con Él: “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

Conviene preparar el corazón, como nuestros jóvenes preparan su mochila, con oración, reflexión y generosidad sacrificada, para que nos cale el mensaje y Dios pueda hacerse más presente en nuestras vidas, que rejuvenecerán, sin duda.

Jueves de la Ascensión

Jueves de la Ascensión

Hoy jueves se cumplen los cuarenta días en los que el Resucitado se mostró a los suyos visiblemente y les “habló del Reino de Dios, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo” Y en este día ascendió al cielo. El acontecimiento constituye una gran fiesta, que se traslada al domingo para su celebración anual.

A partir de este día de la Ascensión la misión del Resucitado corre a cargo de los suyos. Una misión que abarca el mundo entero y todos los tiempos. Una misión que no han dejado de cumplir los cristianos, generación tras generación, y que ahora nos corresponde continuar a nosotros.

No hay disculpa válida para no cumplir esta misión porque también los hombres y mujeres de hoy necesitan conocer a Jesucristo para seguirle como discípulos y salvarse; necesitan del bautismo para ser regenerados; necesitan las enseñanzas del Evangelio para no perderse en la confusión ambiental.

El Papa recuerda al respecto en su libro “Jesús de Nazaret, II”: “No es tarea de los discípulos quedarse mirando al cielo o conocer los tiempos y los momentos escondidos en el secreto de Dios. Ahora su tarea es llevar el testimonio de Cristo hasta los confines de la tierra”.

Algo más que barro

Algo más que barro

Somos, además, espíritu y nos distinguimos de los animales porque pensamos y queremos.

Y necesitamos que ese epíritu nuestro se potencie por la fuerza de Dios, que nos supera, que nos trasciende, que nos agranda.

Ese Espíritu divino se nos dio en pentecostés y se nos sigue dando a través de la oración de la Iglesia. A ella nos acojemos para no resignarnos a la mediocridad, a la nada.

¡Ven Espíritu divino, te necesitamos; te necesita nuestro mundo materializado y desesperanzado!

Ven, como viniste sobre la Virgen, y la engrandeciste sin sacarla de su hogar, de su pueblo, de su cultura, de su tiempo. Como ella, queremos acogerte, seguir tus insinuaciones, dejarnos transformar por tu gracia ¡Ven, Espíritu Santo!

Los discípulos de Emaús

Los discípulos de Emaús

El tercer domingo de la Pascua nos presenta uno de los más bellos relatos evangélicos del encuentro del Resucitado con sus aturdidos discípulos, para enseñarnos que también nosotros, quizá más aturdidos aún que ellos, podemos hoy encontrarnos con él, porque vive.

Pero, como los discípulos en el camino de Emaús, tenemos los ojos abiertos a la luz  pero cerrados a la fe. Como ellos, necesitamos cuestionarnos, recapacitar sobre los motivos de nuestra tristeza y, sobre todo, escuchar la Palabra de Dios, que brota misteriosamente de labios del Resucitado en su Iglesia: “Comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura”.

El significado de la estrella que guió a los Magos

El significado de la estrella que guió a los Magos

¿Qué significado puede tener ese astro luminoso que guió a los Magos hasta aquel niño de Belén? Nos lo decía la oración del comienzo de la misa de hoy: Señor Dios, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito por medio de una estrella a los pueblos gentiles. Ese es el significado: la luz de Dios luce ahora en la tierra, en el rostro, en los gestos, en la palabra de un niño, aparentemente como los otros, pero distinto a todos. Y luce para todos.

Por la fe la podemos percibir. Pero la fe hay que pedirla, especialmente en este tiempo nuestro en que se ve tan arrinconada, tan despreciada, tan ignorada. Por ello hemos rezado al comienzo de esta celebración: Concédenos, Señor, a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria.

Es el mejor regalo que podemos recibir, porque la fe nos permite vivir sin temores, con alegría. Y nos ayuda a no tropezar, a no enviciarnos, a ser honrados y justos, a vivir felices, a pesar de la carestía o la escasez.

La fe es un regalo que queremos, especialmente, para todos los niños y jóvenes. Porque si les faltara la fe, les sobrarían los demás regalos que reciban hoy. Porque la fe es duradera, la fe es fortalecedora, la fe es causante de alegría. La fe quita el miedo a la vida, la fe engrandece.

Los juguetes y los bienes materiales aburren con el tiempo o se estropean, o pierden valor.Ojala que los Santos Reyes Magos nos regalen abundancia de fe, no sólo a nosotros, sino también a los niños y jóvenes del mundo entero.

El modelo para las familias de hoy

El modelo para las familias de hoy

La Sagrada Familia es modelo para las familias jóvenes que tienen en sus manos la felicidad y la dicha de sus hijos si les enseñan a vivir vida de fe, a respetar la verdad, a sacrificarse, a servir, a perdonar, a aprender, a mejorar, como María y José hicieron en el hogar de Nazaret.

Te suplicamos, Señor, - pide la oración sobre las ofrendas de la misa de hoy- por intercesión de la Virgen, Madre de Dios, y de San José, que guardes a nuestras familias en tu gracia y tu paz verdaderas. Y es que también hoy podemos acudir a la Sagrada Familia para pedirles por tantas necesidades, aspiraciones y proyectos como tienen las familias actuales, sobre todo las familias jóvenes. Sueñan con un mundo mejor y no siempre consiguen mejorarlo; sueñan con una educación de calidad y muchas veces no saben cómo lograrla; sueñan con el bienestar de los hijos, y muchas veces se lo impide el paro. Acudir a la Sagrada Familia, orando juntos y acudiendo en familia a la misa dominical, es un modo de empezar a conseguir algo. Sobre todo si, al mismo tiempo, se imita a la Sagrada familia en su sencillez de vida, su honradez y su espíritu de trabajo.

En la mesa eucarística cada domingo se nos reparte el pan de los hijos, fruto de la entrega de Jesús. En él encuentran todos los miembros de la familia la fuerza para mantener la unidad, la alegría y la concordia. Y todas las familias, pobres o ricas, nacionales o extranjeras, todas, tienen aquí su casa ¡Qué mundo tan feliz se puede construir desde este Hogar de Nazaret!

Acerquémonos a Belén en Navidad

Acerquémonos a Belén en Navidad

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Y, por ello, hermanos, en este día os deseo de corazón: ¡Feliz Navidad! Porque ya disfrutamos en nuestro interior de esa victoria de nuestro Dios, aunque por fuera sigan los fríos, y la crisis, y tantas cosas que no van. Pero el Niño Dios ha traído el futuro: un futuro de felicidad y no de desgracia. Pero un futuro que hay que ganar con esfuerzo, con justicia, y con caridad.

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo. ¿Estaremos dispuestos a escucharlo? ¿Tendremos tiempo para ello o estaremos demasiado ocupados en nuestras cosas?

Al menos en este día de Navidad, queremos hacer silencio y escuchar lo que Dios viene a decirnos desde su humilde cuna de Belén. Porque a quienes les escuchan les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.

Que no decaiga, pues,  nuestra fe. Que no se enfríe. Que la mantengamos joven y fresca con la oración, con la catequesis, con la participación en la Santa Misa y en los sacramentos de la Iglesia y con una esforzada vida cristiana. Y así no andaremos a oscuras. Y nuestra vida tendrá sentido, suceda lo que sucediere. Y seremos felices aunque no todo nos vaya bien.

Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre lleno de gracia y de verdad. Es una gloria que no asusta, que no se impone. Porque se oculta en la sonrisa inocente de un recien nacido; en la pobreza de un pesebre; en la sencillez de un portal. Acerquémonos sin miedo, aunque no nos creamos dignos, aunque nos sepamos frágiles y pecadores. Porque Dios tiene cara y manitas de niño, y de sus labios y de sus manos brota para nosotros el perdón y la misericordia. Y, si aún sabiendo esto, tememos acercarnos, acudamos a María, su madre y nuestra, y a San José, nuestro Padre y Señor, y ellos nos llevarán de la mano y mejoraremos al entrar en contacto con la santidad de Dios.

Y así nuestra Navidad será dichosa. Y haremos felices a los que están a nuestro alrededor. Porque no se puede estar con Dios y descuidar nuestras obligaciones familiares, de amistad, o de trabajo. Ahora, en la comunión, lo recibimos en el corazón. Acojámoslo con fe y con alegría y pidámosle lo que necesitamos, que nada nos negará. Que así sea.

¡Feliz Navidad, queridos amigos!

¡Feliz Navidad, queridos amigos!

Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación.

Y se alegra el cielo. Y, se debiera alegrar, esta tierra nuestra, últimamente algo triste.

Sí. Ha aparecido la gracia de Dios, por encima de nuestras mentiras, pisoteando nuestras envidias, y nuestras tontas presunciones, y nuestros despistes, y nuestros abandonos y hasta nuestras pobrezas.

Y aquí tenéis la señal, repiten para nosotros los mensajeros del cielo: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

La grandeza divina, empequeñecida. La gloria, oculta entre pajas. El que está por encima de todos los hombres, en un lugar de animales. Pero no ha perdido ni la fuerza del amor, ni la capacidad de sacrificio y ahí reside su potencia salvadora, que pone a disposición de nosotros,  los humildes y sencillos.

Por eso en esta noche, en la Noche Buena, no nos podemos cansar de mirar y admirar el belén que hemos puesto en nuestras casas y en nuestra iglesia. Ahí vemos el mundo transformado, un mundo con sentido, un mundo que ya no está desorientado. Porque la luz, que sale del portal, ilumina los corazones, aún más que la naturaleza. Y permite a todos caminar seguros hacia una meta feliz, aunque ardua.

Caminan, felices y contentos, por senderos cubiertos de suave musgo, que los hace andaderos, pastores y molineros, agricultores y panaderos, reyes y mendigos. Caminan grandes y chicos, hombres y mujeres, niños y adultos. Todos han recibido un corazón nuevo y un espíritu nuevo y pueden decir con el salmista: Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra.

Y como las palabras se quedan cortas hay que ponerse a cantar. Y hacerlo sin temor porque acompañan los ángeles: Hermanos, Dios ha nacido sobre un pesebre. Aleluya. Hermanos, cantad conmigo: Gloria a Dios en las alturas. Desde su cielo ha traído mil alas hasta su cuna. Hermanos, cantad conmigo: Gloria a Dios en las alturas. Hoy mueren todos los odios y renacen las ternuras. Hermanos, cantad conmigo: Gloria a Dios en las alturas. El corazón más perdido ya sabe que alguien le busca. Hermanos, cantad conmigo: Gloria a Dios en las alturas. El cielo ya no está solo, la tierra ya no está a oscuras. Hermanos, cantad conmigo: Gloria a Dios en las alturas.

Que esta luz encendida en la Noche Buena no la apague ni el frío de la indiferencia, ni el hielo del pecado. Sino  que la mantengan viva la oración y el trabajo bien hecho. Con la ayuda de San José y de Santa María. Que así sea.

La fiesta de Cristo Rey del Universo

La fiesta de Cristo Rey del Universo

Con la solemnidad de Cristo Rey termina el año litúrgico en el que hemos ido leyendo en la misa textos selectos del evangelio de San Lucas. Al leer hoy el impresionante y trágico relato de la crucifixión de Cristo comprendemos que su reinado no es triunfalista, sino sufriente. Pero eso mismo lo hace más cercano a todo ser humano, que fracasa y sufre más de lo que quisiera. Lo decía el Papa en Santiago de Compostela: En el punto de partida de todo lo que el cristianismo ha sido y sigue siendo no se halla una gesta o un proyecto humano, sino Dios, que declara a Jesús justo y santo frente a la sentencia del tribunal humano que lo condenó por blasfemo y subversivo, Dios, que ha arrancado a Jesucristo de la muerte; Dios, que hará justicia a todos los injustamente humillados de la historia.

Impresiona también el dialogo entre Cristo y el ladrón, que reconociendo su culpa obtiene la promesa de una salvación inmediata. Y es que en el Reino de Cristo no sólo habrá justicia para los inocentes, sino también para los culpables arrepentidos.

Mi Homilía en el funeral de Don Santiago

Mi Homilía en el funeral de Don Santiago

Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno como de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne para la vida del mundo.(Jn 6, 51)

 

Nos consuelan estas palabras, tantas veces escuchadas, tantas veces predicadas. Y… ciertamente, hoy necesitamos ese consuelo porque se nos ha ido un hombre bueno, un buen sacerdote… Y, por ello nos sentimos, como huérfanos…

 

Pero, nos consuela la promesa de que vivirá para siempre porque se alimentó y nos alimentó con Jesucristo, pan vivo, bajado del cielo. La creemos, la esperamos y  pedimos que se cumpla ya en él tan consoladora promesa.

 

Y es que la vida entera de Don Santiago se gastó en esta tarea. Se dio a sí mismo, dándonos al único que nos vivifica: al Dios vivo, Jesucristo, que se entregó por nosotros hasta el último suspiro. Y supo hacerlo, Don Santiago, con discreción, sacrificio y dedicación plena. Mientras le respondieron las fuerzas, no recusó la tarea. Y cuando le fueron fallando, se nos fue internando en un retiro, silencioso y discreto,  que lo habrá llevado derecho y sin tardanza, así lo creemos, hasta el Dios de la Vida.

 

Estoy seguro de que se podría contar  mucho del buen hacer sacerdotal de Don Santiago, a su paso por La Santa, San Román (donde descubrió la vocación sacerdotal de nuestro recordado y querido José Luis, que nos dejó tan pronto), a su paso por Sorzano (donde tuve yo la dicha de que me encauzara también hacia el sacerdocio), el Sanatorio de San Pedro, y, ya jubilado, el Archivo diocesano y San Bartolomé... Pero por mucho que contáramos nos dejaríamos, seguramente, lo más importante, porque él no trabajó para que lo pudiéramos contar, sino para ayudar a todo el que pasó a su lado, fuera quien fuera. Y ayudó en lo espiritual y en lo material, que no era hombre, de andarse con distingos ni remilgos. Que era un sacerdote, perdóneseme la expresión, “todo terreno”, que nos ha dado la gran lección de no ir por la vida dando lecciones, sino callando, trabajando, sirviendo y sin recusar nunca ninguna tarea sacerdotal, por ardua o penosa que fuera.

  

Nació y se crió bajo la sombra de la Virgen del Cortijo en su Soto natal, y esa sombra maternal le acompañó en el ejercicio delicado y esforzado de su ministerio hasta este diez y nueve de mayo, mes de la Virgen, en que tan discretamente se nos ha ido.

 

Tuvo, hasta el final, la ayuda y el cuidado abnegado de su hermana Manoli, que le ayudó a abrir su casa parroquial a toda persona que llamó a la puerta. Y cuando ya no fue posible mantener la casa, también el lugar que han ocupado en el Hogar sacerdotal, se convirtió en rincón de acogida para todo el que ha querido acercarse, y compartir con ellos, no los achaques, que supieron sobrellevarlos sin ahogar ni ahogarse, sino la esperanza, el optimismo y la alegría.

 

Por todo ello esta misa, aquí en el Seminario, donde Don Santiago se formó como sacerdote, no es en absoluto un rito triste, sino esperanzado y muy consolador. Sobre todo porque participaremos, en sufragio y en recuerdo suyo,  del mismo Pan Vivo bajado del cielo, Jesucristo, que Don Santiago nos repartió a manos llenas mientras vivió entre nosotros y del que confiamos vivirá ahora para siempre en la gloria.  

Que así sea.

Pesca milagrosa de Resurrección

Pesca milagrosa de Resurrección

La que el Resucitado proporcionó a los Apóstoles en el Lago de Tiberiades. Una pesca impresionante, magnífica.

Y con la pesca, el alimento. El resucitado esperó a los pescadores en la orilla y les invitó a comer un pez asado. Para los que escuchaban al principio el evangelio en la lengua original en que fue escrito, en griego, al escuchar la palabra PEZ entendián CRISTO, pues IJZIS (pez en griego) reunía las iniciales de la frase: Jesucrito Dios y salvador. Es decir, Jesucristo invita a los suyos al banquete eucarístico en que él mismo se les da en alimento.

Cada vez que participamos nosotros en la Eucaristía asistimos al banquete del resucitado. Una diferencia con los primeros: ellos lo reconocieron, a nosotros nos cuesta hacerlo.

Ojalá que la Pascua 2010 nos permita recuperar un visión de fe que nos haga reconocer a Cristo y que nos de una gran Pesca, la gran pesca de la resurrección ¡la que necesitamos!