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Semetabaj Hispano: Espiritualidad, pastoral, cultura y amistad.

Homilias para Villamediana

Invitación divina también para el verano

Invitación divina también para el verano

Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados; lo mismo todo lo que quisieron del pescado”.

            Hermoso pasaje evangélico, que en medio del verano, nos recuerda algo que olvidamos: Que necesitamos de Dios; que sin Él el mundo se desquicia; y que con Él se hace más seguro y habitable.

            Dios tiene recursos para saciar el hambre material, pero cuenta con  nosotros para saciar esa hambre y, de ordinario, deja en nuestras manos esa tarea. Pero existe otra hambre, de verdad, de bondad, de justicia, de eternidad. Dios, como escucharemos los domingos siguientes en el sermón del Pan de Vida, quiere saciar esa hambre con el regalo increíble de la Eucaristía.

            Cada domingo se nos invita a la mesa de Dios, para alimentarnos. Necesitamos estar fuertes para que no nos venzan los males que nos amenazan. No dejemos de buscar y valorar el alimento divino de la Eucaristía y saldremos vencedores ¡Feliz verano!

El Corpus Christi

El Corpus Christi

Acabamos de leer en el Evangelio que dijo Jesús a los suyos, los discípulos que lo seguían: Dad de comer a la gente. Y que ellos respondieron: No tenemosTambién nosotros, escuchamos hoy en nuestro interior, de parte de Dios, una invitación  a socorrer a nuestros semejantes. Ojala no respondemos lo mismo que los primeros: Nada tenemos, pobres somos.

¿Qué debiéramos hacer? ¿Podemos seguir  haciéndonos los sordos? ¿Qué nos dice el Evangelio que hizo Jesús?: Tomó lo poco de que disponía, pronunció una bendición sobre ello y lo mandó repartir. Y se obró un gran milagro. Y comieron todos hasta saciarse. Y eran unos cinco mil hombres.

¿Será esto magia? No. En absoluto. Es, nada menos, que la gran lección que nos da a los hombres el mismo Dios: Solucionar los problemas humanos, nos dice, no es cuestión de magia, sino de entrega. La entrega de lo poco (los cinco panes y los dos peces) solucionó el hambre de una multitud. La entrega hasta la muerte transformaría el mundo.

Es lo que hizo Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, en la Cruz y lo que se actualiza misteriosamente en cada Misa. Es lo que festejamos  en el día del Corpus. Sí, hoy precisamente celebramos la presencia sacramental entre nosotros del Dios entregado. Una presencia silenciosa, sacrificada, oculta, pero real y llena de eficacia. A través de ella se transforman los corazones humanos, que le dan acogida; se transforman los pueblos y mejora el mundo. Pero, percibirla y beneficiarse de ella requiere ejercicio de fe, requiere fiarse de lo que no vemos. Y requiere compromiso, es decir coherencia entre lo que creemos y lo que hacemos.

Celebrar esta solemne Eucaristía y pasear por las calles el Santísimo Sacramento, nos permite recordar estas verdades y nos ayudará a reavivarlas. Queremos que Dios esté presente en nuestras calles, en nuestras casas y en nuestros corazones. Queremos que su entrega hasta la muerte nos ayude a nosotros a entregarnos en la vida familiar, con los vecinos, en el trabajo. Queremos, así, que nuestro pueblo siga siendo un bonito pueblo cristiano, como siempre lo ha sido, donde todos nos sintamos, por encima de rencillas y defectos, verdaderamente hermanos. Que la Virgen María, Mujer Eucarística, como la llamaba SanJuan Pablo II, nos ayude y nos enseñe. Y que la procesión, que haremos tras la Misa, sea respetuosa y especialmente solemne, para honra y gloria de Nuestro Señor. Que así sea. 

Tiempo para la escucha interior

Tiempo para la escucha interior

Aunque el Evangelio se escribe y predica por vez primera en tiempos distintos a los nuestros, no deja de ser actual. Los pájaros que se comen la semilla al borde del camino, son, tal vez hoy, las opiniones infundadas y las críticas corrosivas de los medios de comunicación, contrarios a la fe y a la moral. El terreno pedregoso, la superficialidad de muchas vidas, o la falta de formación, o la educación sin valores. Las zarzas que ahogan la siembra, los placeres desenfrenados, la ganancia a toda costa, y la falta de transparencia y honradez en trabajos y negocios.

Hace falta remover los corazones, con silencio, reflexión y oración, para que la semilla divina pueda dar fruto. Para que los corazones humanos se hagan fecundos y se llenen de humanidad y de gracia divina.

 Nuestra entera sociedad reclama hoy esa tierra buena porque se muere de hambre y de pena, debatiéndose en una crisis que no toca fondo. Abramos, pues,  el corazón para encontrar solidez, valores permanentes, y un futuro más prometedor.

El sosiego del verano una buena ocasión para encontrar a Dios

El sosiego del verano una buena ocasión para encontrar a Dios

Cristo, el Dios oculto y cercano, a quien tal vez  tenemos un poco olvidado nos invita este domingo en las lecturas de la misa, con palabras encendidas, a encontrarnos con Él:

Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

Conviene disponer el corazón, especialmente en el sosiego de los días de verano, para este encuentro, con oración, reflexión y compromiso, para que nos cale su mensaje y Dios pueda hacerse más presente en nuestras vidas.

Agradecer la firmeza y seguridad de nuestra fe

Agradecer la firmeza y seguridad de nuestra fe

“El Romano Pontífice y los Obispos, como maestros auténticos, por estar dotados de la autoridad de Cristo predican al pueblo que tienen confiado la fe que hay que creer y que hay que llevar a la práctica” (LG 25).

La fiesta de San Pedro y San Pablo es ocasión para agradecer la firmeza y la seguridad de la fe que profesamos, para mirar sin complejos a nuestro mundo y aportar con humildad nuestra visión cristiana, nuestra solidaridad, nuestra caridad y nuestra feliz esperanza. Nos está necesitando aunque no lo sepa y nosotros estamos felices de poder hacerlo ¡No escatimemos esfuerzos, que merece la pena!

Confiar en la oración de la Iglesia

Confiar en la oración de la Iglesia

En cada Eucaristía, Cristo cumple la promesa de transformarnos por dentro con la fuerza del Espíritu Santo: “No os dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo viviendo.”  La oración de la Iglesia lo sigue trayendo a nuestro mundo y al corazón del creyente.

Confiemos en esa oración eclesial, participemos en esa oración y preparemos nuestro Espíritu para el día de Pentecostés, que ya está cerca. Si nos dejamos modelar por el Espíritu, si no le ponemos resistencia,  vivificará nuestro corazón y transformaremos el mundo  ¿Lo intentamos? ¡Merece la pena!

Lograr ver con la luz de la fe

Lograr ver con la luz de la fe

“Él fue, se lavó, y volvió con vista”. Increíble parecía este milagro de la curación del ciego a los incrédulos fariseos. Increíble parecen también hoy las conversiones. Pero las hay, porque Dios no pierde fuerza. Somos nosotros los que perdemos interés, entusiasmo y fe. Y, en vez de buscar a Dios, nos enfangamos en el materialismo, en la sensualidad, en el dinero, en los rencores, y acabamos ciegos y desesperados y tristes.

Pero podemos convertirnos y la cuaresma, cada año nos ofrece la penitencia, la confesión, como medio para convertirnos y recobrar luz y la vista: “Habiendo recibido en el Bautismo al Verbo, la luz verdadera que ilumina a todo hombre, el bautizado, tras haber sido iluminado, se convierte en hijo de la luz, y en luz, él mismo” (Catecismo).

La sed del corazón y el agua que la quita

La sed del corazón y el agua que la quita

Como la Samaritana, también los creyentes de hoy, pedimos en este domingo el agua que vivifica y calma nuestra sed de verdadera vida. La pedimos para nuestro mundo desorientado y atribulado. La pedimos y nos preparamos para sumergirnos en ella en la noche santa de la Pascua. La pedimos, mientras recibimos el Pan de vida, que es el mismo Cristo que tuvo sed de la conversión de la Samaritana y la llenó de vida ¡Que hermoso tiempo de Pascua nos espera tras esta refrescante y estimulante cuaresma!  

Día del Seminario y San José

Día del Seminario y San José

Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé. Con estas palabras alienta San Pablo a su discípulo Timoteo, según podemos leer en la segunda lectura de la misa del 2º domingo de cuaresma, cercano a la fiesta de San José. Y el discípulo puede hacerlo porque Dios auxilia con la fuerza que brota de la Cruz de Jesucristo, que es tan poderosa que cambia lo más difícil de cambiar, los corazones.

Mañana domingo celebramos el día del Seminario y pedimos que Dios transforme los corazones de muchos jóvenes para que se animen a tomar parte en los “duros trabajos del evangelio”, confiando en que no les faltará el auxilio divino. Y encomendamos esta urgente necesidad eclesial al patrocinio de San José, que estuvo al lado de Cristo, que crecía “en sabiduría, edad y gracia”, en el hogar de Nazaret. Nuestro Seminario de Logroño (unido ahora al de Burgos) es hoy ese hogar donde se forman los sacerdotes que necesita La Rioja y el mundo. Pedimos que se llene de vocacionados, dispuestos a darlo todo por el Evangelio.

Vivir con luz y sin agobio: Dios está más cerca de lo que pensamos

Vivir con luz y sin agobio: Dios está más cerca de lo que pensamos

No juzguéis antes de tiempo, dejad que venga el Señor. El iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá de Dios lo que merece.

            Preciosa enseñanza del Apóstol San Pablo, que leemos en la segunda lectura de este domingo. Si la vivimos, seremos más imparciales en nuestros criterios y en nuestros juicios, y más serenos en nuestro convivir.

            En cada comunión Dios pone al descubierto los designios de nuestro corazón, a veces algo tortuosos. Dejemos que la luz de su verdad ilumine lo que esconden las tinieblas. Y así viviremos sin agobios, trabajando a tope por lo único que merece la pena de verdad: el Reino de Dios.

Mañana gran fiesta de la Presentación del Señor (Las Candelas)

Mañana gran fiesta de la Presentación del Señor (Las Candelas)

Este año es domingo el dos de febrero, fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, y podemos, en nuestras iglesias, más que si fuera un día laborable, ver entrar, como predijo Malaquías, al “Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca?”.

Pero no viene con poder, sino oculto e indigente, en brazos de su madre, para que no le temamos. Lo explica la Carta a los Hebreos, que leemos este día:  “Tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella”.

Ojalá no nos escandalice su abajamiento, pues aún se nos oculta más en la Eucaristía. Purifiquemos nuestros ojos con el agua de la penitencia para que podamos verlo.

Cristo, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo

Cristo, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo

Escuchamos, en el evangelio de la misa del domingo, un mensaje que necesitamos oír las personas y la sociedad entera, especialmente en momentos como el que vivimos de profunda crisis, que padecen también los inocentes: que el bien triunfará y el mal será derrotado, pero que la victoria exige, nada menos, que la entrega incondicional del único verdadera y totalmente inocente, Jesucristo, y nuestra propia entrega.

Eso sugiere el misterioso apelativo con que el Bautista llama a Cristo: “El Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. Manifestó así –enseña el Catecismo- que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero y carga con el pecado de las multitudes y el Cordero pascual, símbolo de la redención de Israel. Toda la vida de Cristo expresa su misión: “servir y dar su vida en rescate por muchos”.

Lo concreta aún más el salmo responsorial, expresando la actitud obediente de Cristo, que dice al hacerse hombre: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Enseñándonos de este modo que al mal lo vence la obediencia al supremo bien y a la suma verdad, que es Dios, y no el sometimiento al propio egoísmo.

Ojala aprendiéramos en el nuevo año, que estamos estrenando, esta obediencia liberadora a la ley de Dios, que es ley de amor, entrega y servicio. Muchas cosas cambiarían en nuestro mundo.  

Los bautizados debemos renovar el mundo

Los bautizados debemos renovar el mundo

Llegó Jesús –leemos en el evangelio de este domingo- desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. La escena no puede ser ni más grandiosa ni más llena de misterio, pero pretende transmitirnos algo sencillo que comienza a realizarse en el interior de las personas. Lo explica así el catecismo: en el bautismo de Cristo, se abrieron los cielos que el pecado de Adán había cerrado y las aguas fueron santificadas por el descenso de Jesús y del Espíritu como preludio de la nueva creación.

En la vida de los santos, que son los bautizados que viven con coherencia su bautismo, se manifiesta, como en nadie, esa fuerza renovadora que proviene del cielo y que renueva las cosas terrenas: ellos vivieron alegres y no tristones; hicieron felices a otros en vez de atosigarse buscando su propia felicidad egoísta; empezaron por reformar su vida y así cambiaron la sociedad de su época; no fueron críticos mordaces, sino impulsores esforzados de una  reforma eficaz y duradera.

Así se realiza la nueva creación, querida por Cristo, así debemos renovar nosotros, en el año recién comenzado, esta sociedad nuestra tan rota y desesperada. Si no lo hacemos los bautizados ¿Quién lo va a realizar?

Escuchar a Dios ilumina y revitaliza

Escuchar a Dios ilumina y revitaliza

Lo dice rotundamente el evangelio de este primer domingo del Año Nuevo: “En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”. Y los creyentes sabemos por experiencia que lleva razón: porque esa Palabra divina ha disipado muchas oscuridades de nuestros caminos y ha revitalizado, en múltiples ocasiones, nuestro marchito corazón.

Si queremos que el nuevo año sea feliz, no dejemos de escucharla y de guardarla y meditarla en nuestro interior. Así se realizará en nosotros lo que dice San Pablo, en la segunda lectura de este domigno,  que llegaremos a comprender “cual es la esperanza a la que Dios nos llama y cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos”. Porque, afirma el evangelio, aunque “a Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer”.

Fiesta de la Sagrada Familia ¡Felicidades, familias!

Fiesta de la Sagrada Familia ¡Felicidades, familias!

Nos dice el evangelio de esta hermosa fiesta de la Sagrada Familia, en el domingo que sigue a la Navidad, que San José, avisado por Dios, se levantó, cogió al niño y a su madre de noche y se fue a un país extranjero, para defender la vida del recién nacido. Esta actitud decidida sigue siendo un modelo en los tiempos que corren, cuando tantas amenazas se ciernen sobre la vida humana. La familia debe seguir siendo educadora, defensora y promotora de la vida.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos, canta el salmo responsorial en la misa de hoy, invitando a las familias a estar cerca de Dios y a caminar por sus caminos.

La Sagrada Familia es modelo para las familias jóvenes que tienen en sus manos la felicidad y la dicha de sus hijos si les enseñan a vivir vida de fe, a respetar la verdad, a sacrificarse, a servir, a perdonar, a aprender, a mejorar, como María y José hicieron en el hogar de Nazaret. Y los hijos no debieran olvidar el consejo del Libro Sagrado. El que honra a su madre acumula tesoros, el que honra a su padre se alegrará de sus hijos.  

Esperar al Niño Dios con San José

Esperar al Niño Dios con San José

Las calles de la ciudad, las casas, las iglesias están ya preparadas para la navidad ¿Y los corazones? ¿Estarán también listos?

El Evangelio de San Mateo, que leemos  en la misa de este cuarto domingo de adviento nos cuenta que el corazón de San José sí lo estaba para la primera Navidad. José era un hombre justo, dice el evangelista, y, a lo que parece, acostumbrado a dialogar con Dios porque no se asusta al recibir un mensaje del cielo.

No parece que se estile mucho en estos momentos  ni la honradez, ni la piedad de San José. Se lleva más la superficialidad, la disipación, la búsqueda fácil de la ganancia. Para que Dios no pase de largo y siga siendo Emmanuel, Dios-con-nosotros, necesitamos gente como San José. Con menos tiempo para la televisión, con más tiempo para la reflexión, con sobriedad y mucho espíritu de sacrificio, y así Dios podrá quedarse con nosotros y no pasar de largo.

Ya se acerca el Salvador

Ya se acerca el Salvador

San Juan Bautista -dice el evangelio del tercer domingo de adviento, que nos preparamos a celebrar- se preguntaba en la cárcel si habría que esperar a otro y Jesús les dice, a quienes se lo preguntan en nombre del preso, que le cuenten lo que están viendo y oyendo: que no ha desaparecido todo el mal, pero que ya comienza a ser vencido.

La comunión, que recibimos en la misa dominical, nos trae al Dios que viene a cambiarnos el corazón, para que convertidos, hagamos nosotros lo que aún queda en la lucha contra el mal ¡Manos a la obra!

La alegría del Evangelio, a la que nos invita el Papa Francisco

La alegría del Evangelio, a la que nos invita el Papa Francisco

El Evangelio de la fiesta de la Inmaculada, que celebraremos el próximo domingo, es el anuncio dichoso que nuestro mundo necesita hoy y el Papa Francisco nos invita a proclamarlo con gozo a los cuatro vientos: “El Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría. Bastan algunos ejemplos: “Alegrate” es el saludo del ángel a María. La visita de María a Isabel hace que Juan salte de alegría en el seno de su madre. En su canto María proclama: “Mi espíritu se estremece de alegría en Dios, mi salvador” (Evangelii Gaudium, nº 5).

Se acerca la Navidad. Que María nos contagie su pureza y su alegría para que el mundo cambie y mejore, y se llene de gozo en el Señor.

La fe nos permite escuchar a Dios

La fe nos permite escuchar a Dios

El silencio de Dios se nos hace hoy más llamativo que nunca, pues somos más arrogantes y más sensibles que en tiempos pasados, a la injusticia, al dolor, a la marginación.  Aunque en todo tiempo existieron males semejantes, hoy se pone más de manifiesto por la constante denuncia de los medios de comunicación… Muchos piensan además que la Iglesia no presta suficiente voz a Dios en la condena de todos esos males, o que se deja contaminar por ellos.

Escuchar hoy en la misa que Dios responde, que Dios escucha, que no le somos indiferentes, nos debiera llevar a reconocer nuestra arrogancia, nuestra increencia, que no nos permite oírle. Y con el salmo a repetir muchas veces: “Escucharemos tu voz, Señor”. Tal vez silenciando más la televisión, los ordenadores, los gritos estridentes, y dando más volumen a nuestra oración, especialmente en las celebraciones eucarísticas. 

Mirar alto para ver a los de abajo

Mirar alto para ver a los de abajo

Sin mirar al cielo no se perciben bien las angustias de la tierra porque se acaba por ver, únicamente, las propias. El que se abre a  Dios, sin embargo, aprende a encontrarlo en los hermanos, mirándolos cara a cara, y confiando en continuar disfrutando de esa apertura a los otros, viendo, también cara a cara, al mismo Dios.

“Alaba, alma mía, al Señor que hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos y liberta a los cautivos”, rezamos con el salmo en la Misa de este domingo, mientras preparamos la llegada de Cristo  a nuestro corazón en la Eucaristía. El viene a hacernos generosos,  justos y muy pendientes de los demás en esta vida y muy dichosos con Él en la eternidad.