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Semetabaj Hispano: Espiritualidad, pastoral, cultura y amistad.

Personas

La beatificación, ocasión de felices encuentros

La beatificación, ocasión de felices encuentros

Con motivo de la beatificación de Mons. Álvaro del Portillo me reencontré, con emoción, y no pequeña conmoción interna, con muchos amigos, entre ellos, con el P. Eleobardo, que aparece en la foto anterior, y con el Padre Miguel Angel y sus papás, que aparecen en ésta.

Ha sido un gustazo y una alegría incalificable ¡Gracias de corazón por el sacrificio y el esfuerzo de venir, gracias por la amistad mantenida y acrecentada, a pesar de la distancia y el paso del tiempo! ¡Gracias!

Visita de un buen amigo: el P. Martín

Visita de un buen amigo: el P. Martín

En medio de las fiestas patronales, que incluso adornaron la fachada de la casa parroquial, como puede observarse en la foto, he tenido ayer y hoy la grata visita del P. Martín, recien llegado a Pamplona, desde la diócesis de Escuintla en Guatemala, para estudiar Derecho Canónico.

Además de hablar largo y tendido de recuerdos, amigos y noticias de Guatemala, he compartido con él una intensa actividad ministerial en tres pueblos vecinos: Lagunilla, Jubera y Ventas Blacas. Hemos tenido dos procesiones de fiesta y tres misas. Ha sido una bonita experiencia de compartir trabajo y aventura con un antiguo alumno.

Le deseo al P. Martín una buena estancia en Pamplona y que se repita pronto la visita ¡Esa vez sólo para disfrutar!

El Cardenal Antonio María Rouco Varela

El Cardenal Antonio María Rouco Varela

Esta semana se ha conocido oficialmente la aceptación por el Papa de la renuncia del Cardenal Rouco a la Archidiócesis de Madrid, por edad.

No he tenido la suerte de tratarlo mucho, únicamente una vez en Galapagar, en la casa de las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús, y oirle alguna predicación y una conferencia que dió aquí, en Logroño. Poca originalidad puedo aportar, pues, y añadir a lo que otros, más enterados, han dicho.

Pero, aun teniendo pocos datos experienciales, me parece que es un gran Arzobispo y que Madríd está, bajo su pastoreo episcopal, mucho mejor que cualquier otra diócesis española. Y mucho se debe sin duda a su buen hacer episcopal.

Una vez le ayudé en la Misa en El Monte del Gozo, Galapagar, y concelebré con él. Después le escuché contar su viaje a Australia, donde acababa de desisgnarse a Madrid como siguiente sede de la JMJ. Nunca he visto un obispo más feliz. También recuerdo que hablamos sobre el Seminario de Logroño y conocía muy bien su historia en el postconcilio. Y en la concelebración, mi ayuda no le convencía del todo, y se encargó, de inmediato, de indicarme lo que convenía hacer. Por eso pensé: "Manda mucho y manda bien".

Creo que también lo dirán los curas madrileños que despedirán con pena a quien les ha mandado con acierto y los ha estimulado magníficamente. Es, pues, un gusto, darle gracias por ese buen hacer, y pedir para su retiro que continúe la alegría que experimentó con motivo de acoger en Madrid la JMJ, en la que también yo lo pasé genial. Y que pueda descansar y disfrutar de lo realizado, porque, pienso, que merece gran reconocimiento. Desde mi rincón parroquial, ¡Gracias, Señor Cardenal!

20 de agosto: un recuerdo para Mons. Eduardo Fuentes en el día de su cumpleaños

20 de agosto: un recuerdo para Mons. Eduardo Fuentes en el día de su cumpleaños

Es difícil olvidar esta fecha del 20 de agosto, porque durante diez años felicité a Monseñor Eduardo en su cumpleaños, y, cuando pude, hice que se celebrara en el Seminario de Sololá como festivo.

Mañana lo celebraré en mi parroquia de Villamediana, ahora más discretamente, pero no con menos alegría y esperanza. Para preparar la fiesta traigo al blog estas palabra que pronunció Monseñor Eduardo en una ordenación sacerdotal el 9 de noviembre de 1996 en Chimaltenango y que a mí personalmente me siguen estimulando:

Quiero agradecer de forma especial a los Formadores del Seminario Mayor Nuestra Señora del Camino haber colaborado esctrechamente conmigo en la formación de estos sacerdotes que hoy son ordenados. La ofrmación de los seminaristas es un deber de todo el Pueblo de Dios, pero es un deber que recae más gravemente en la persona del Obispo. Por eso se dice que el Seminario debe ser como "la niña de los ojos" del obispo.

En este día, le pido a Nuestro Señor que el Seminario sea también como la "niña de los ojos" de los sacerdotes, de las familias cristianas, de las religiosas. Que consideremos la obra del Seminario como la obra pastoral más importante, porque Jesucristo necesita de muchos sacerdotes para que su Amor redentor llegue a todas partes.


Sentida despedida al P. Lee

Sentida despedida al P. Lee

Despedida del P. Efraín

Despedida del P. Efraín

Desde los viñedos riojanos que se divisan desde Briones (como se aprecia en la foto), despido al P. Efraín, con quien he disfrutado estos días y le deseo un feliz regreso a Roma, donde termina ya su licenciatura en en el Instituto San Juan Pablo II.

Aquí se queda un día más el P. Lee, que irá un mes a Galicia a colaborar en una parroquia. Hoy espero al P. Luis Antonio que regresa de su convivencia Valenciana y que se incorporará a esta visita guatemalteca.

Esperando la visita de sacerdotes amigos

Esperando la visita de sacerdotes amigos

Hoy lunes espero la visita del P. Lee y del P. Efraín, que desde Roma llegaron a Madrid para acercarse a Logroño. Los recibo con gran alegría, esperando disfrutar de la buena amistad y de tantos recuerdos felices ¡Bienvenidos!

En la foto el segundo empezando por la izquierda es Efraín y el último, Lee.

El báculo pastoral del Obispo Eduardo Fuentes

El báculo pastoral del Obispo Eduardo Fuentes

Viendo una de las entrañables fotografías que publicó ayer el Blog del Seminario de Sololá me vinieron a la memoria recuerdos que tenía ya medio olvidados.

En especial al fijarme en ésta, que ofrezco en mi blog, en la que se ve al hermano de Mons. Fuentes, Fernando, con su esposa, hijos y nietos.

Muchas veces, en los diez años que estuve al frente del Seminario, tras la muerte de Mons. Eduardo, ver ese báculo cuando celebrarba Misa, o cada vez que salía de rezar, me daba ánimo para seguir adelante con mucha ilusión y sin que hicieran mella en mí las dificultades.

Al verlo de nuevo doy gracias a Dios por aquellos felices años y por Monseñor Eduardo, por su amistad, su ejemplo, por su empuje y por su compañía.

Con la certeza entonces de que nos seguía cuidando todo era fácil y alegre ¡Muy alegre! Y, aún hoy, me dura esa alegría ¿por qué será?

Caminando con el Obispo Eduardo Fuentes en su 17º aniversario

Caminando con el Obispo Eduardo Fuentes en su 17º aniversario

El Obispo de Sololá-Chimaltenango, Monseñor Eduardo Fuentes, culminó su trayectoria en la tierra, hoy hace diez y siete años, coronando la última etapa, como un verdadero campeón, sin otro secreto que el AMOR: a Dios y al pueblo que Dios le confió. Por eso fue el suyo un caminar alegre, ágil y,  sobre todo, acompañado, muy acompañado.

Caminó, en el amor de Dios, con su pueblo, y Dios y el pueblo nunca le dejaron  solo: ni en su vida, ni en su enfermedad, ni en la hora de su muerte, ni después de la muerte. 

Yo sueño en recorrer mi propio camino, con el mismo amor  optimista y fiel con que él lo hizo. Pues Monseñor Eduardo sabía superar los obstáculos, con un encantador sentido humano y sobrenatural; y no se dejaba hundir por los problemas, sino que procuraba potenciar lo positivo, logrando “ahogar el mal en abundancia de bien”, como había aprendido de San Josemaría Escrivá de Balaguer, su modelo y Padre.

Por todo ello, su ejemplo sigue removiendo a los sacerdotes que le conocieron, a los fieles que pastoreó, y a todos aquellos a quienes alcanza ya la fuerza de su hermoso testimonio cristiano y sacerdotal.

Gracias, Eduardo (Guayo para tus amigos), por tu ágil caminar terreno, por tu ejemplo animante, tu compañía constante y por recordarnos siempre la Meta ¡Sigue cuidándonos!

Recuerdos de Monseñor Eduardo Fuentes, en su 17º aniversario

Recuerdos de Monseñor Eduardo Fuentes, en su 17º aniversario

Para recordar la amable persona de Mons. Eduardo y encomendar su eterno descanso en el 17 aniversario de su fallecimiento, copio en el blog cómo quedaron plasmados, en la Memoria académica del Seminario de Sololá del año 1997, la vigilia y el entierro de Monseñor Eduardo Fuentes:

El 22 de julio de 1997, día triste como el que más, pero al mismo tiempo muy consolador y esperanzado, recibimos en el Seminario Diocesano de Sololá los restos mortales de nuestro querido Obispo Monseñor Eduardo Fuentes.

Los recuerdos y la pena se agolparon en nuestros corazones y la tristeza de no poder gozar ya de sus consejos, de su simpatía, de su fortaleza, de su apoyo, nos dejaron bien lastimados. Pero en esos días fueron tantas las gracias recibidas por quienes tuvimos la suerte de vivirlos, que la tristeza inicial se fue cambiando en una serena y firme alegría, que ha sido impulso y fuerza que nos ha permitido culminar el año con una gran paz.

Nuestra capilla fue escenario de un constante desfilar de miles de personas de toda condición, representativas de la variedad denuestra diócesis. Numerosísimos los sacerdotes ¡Tantos buenos amigos, tantos antiguos alumnos, que mucho nos consolaron! Numerosos obispos y el Encargado de Negocios de la Santa Sede en Guatemala, Mons.Paul Nyaga, que sustituía al Nuncio Morandini, en espera del nuevo nuncio, ya nombrado. La celebración continua de la Santa Misa era verdaderamente impactante. El clima de silencio,oración y llanto contenido, verdaderamente conmovedor.

Tras una noche en vela, que no se interrumpió en ningún momento, tuvimos el entierro, que fue ciertamente impresionante. Las calles y el gimnasiode Sololá se quedaron pequeños para recibir a tanta gente. La ceremonia, con todo el rigor y simbolismo de la liturgia, nos dejó bien consolados. Cuando, por fin, depositamos el cuerpo de Monseñor Eduardo en la Catedral y le cantamos el himno del Seminario, tuvimos la certeza de haber perdido un padre en la tierra, pero haber ganado un intercesor en el cielo.

En la foto aparezco con Mons. Eduardo al poco tiempo de llegar yo a Guatemala.

Recuerdo de un buen amigo que se fue, hoy hace 40 días

Recuerdo de un buen amigo que se fue, hoy hace 40 días

A los cuarenta días del fallecimiento del queridísimo P. Fermín, traigo al blog las palabras que prediqué el día de su primera misa en Tecpán el 2 de julio de 2000. Al releerlas pienso que cumplio con creces lo que le pedia en aquella inovidable celebración:

¡Qué grande querido hermano sacerdote, P. Fermín, que pudieras recibir ayer, en la hermosa celebración del Primer Congreso Eucarístico diocesano, el Sacramento del Orden Sacerdotal! Y, al mismo tiempo, qué gran responsabilidad. 

¿Cómo te hubieras podido atrever a recibirlo sin esos largos años de preparación, que te llevaron, hace tanto tiempo, a dejar tu aldea para ingresar en el Seminario? Sí, fueron años de estudio, de luchas, de convivencia, de oración. Un largo camino que terminó ayer con la Ordenación Sacerdotal, en medio de la alegría de todos los que en estos años te acompañamos y que en este día damos contigo gracias a Dios.

Ahora nos pagarás lo poco que pudimos hacer por tí. Porque te dimos apoyo humano, te acompañamos, te ayudamos, siempre como simples y limitados seres humanos. Pero, como sacerdote, tú nos darás al mismo Dios. A cambio de lo humano, tú nos darás lo divino.

Dios te bendiga, Hermano Sacerdote, y te pague la alegría que nos das al traer al altar al mismo Dios, que nosotros, tus formadores, en tantas ocasiones, te hemos dado antes. 

Tu familia, tus amigos y tu pueblo nunca te pagaremos esta maravilla. No olvides ser muy santo para que puedas seguir dándonos hasta el final de tu vida estas mismas alegrías ¡Que así sea!

¡Gracias, mil gracias y descansa en paz, inolvidable amigo y hermano sacerdote, querido P. Fermín!

Elogio de Monseñor Eduardo Fuentes

Elogio de Monseñor Eduardo Fuentes

El Obispo Eduardo Fuentes fue una antorcha, que Dios encendió en el altiplano guatemalteco,  en tiempo de incertidumbre y oscuridad,  para guía de quienes, acostumbrados a la altura, nunca se resignaron a los abismos; una caricia para consuelo de atribulados, anhelantes de encontrar una mano tendida;y un estímulo de exigencia y santidad, para quienes buscaban un padre, un pastor y un amigo, que los encaminara por rutas de perfección.

Monseñor Eduardo, fue un guía, un maestro de vida, que aleccionó, yendo delante, marcando un camino sencillo y andadero, que entusiasmó a los jóvenes, estimuló a los adultos, y provocó un gran renacer vocacional en esta parcela de la Iglesia que es la diócesis de Sololá-Chimaltenango .

Monseñor Eduardo fue uno de esos Pastores, que tanto necesita el Pueblo de Dios, para sortear peligros, crecer en la fe y el amor, y  ser fortalecido en la esperanza. Realizó su misión callada y discretamente, con un corazón verdaderamente grande, que dejó de latir un 20 de julio de 1997, pero que sigue vivo junto a Dios y en la memoria de quienes le trataron. 

Del Prologo al libro en que recopilé las crónicas de la visita pastoral que Monseñor Eduardo realizó a la diócesis durante los años 1988 y 1989 y que lleva por título: "Caminando con mi pueblo".

Recuerdos de Monseñor Eduardo Fuentes

Recuerdos de Monseñor Eduardo Fuentes

Hoy he recordado aquellos retiros en Karmel Juyú que solíamos realizar en la semana de Pascua allá por los años 1990. Asistía practicamente la totalidad del clero de la diócesis de Sololá-Chimaltenango (entonces menos numeroso que en la actualidad), encabezado por el Obispo Mons. Eduardo Fuentes de feliz memoria. Eran unos días preciosos: de convivencia, de silencio, de oración y de alegría.

Especial gracia me hace recordar las Visperas, que cantábamos juntos en la capilla, en las que Monseñor Eduardo cantaba a pleno pulmón con gran entusiasmo. Solo el P. Luis Antonio le hacía alguna competencia. Y lo más admirable era ver que a ninguno de los dos les decaía la voz a pesar de que cada día cantábamos todas las inacabables estrofas.

También recuerdo una bendición con el Santísimo, que presidía el P. Víctor. Al tratar de retirar el viril de la custodia se había atascado de tal forma que resultaba inútil (y divertido) todo el esfuerzo que, el entonces joven presbítero, realizaba a vista de todos. En estas, se lanza Monseñor Eduardo a socorrerlo. Yo pensaba: "Como falle el Obispo, a ver quien se atreve a corregirle la plana.." Pero, gracias a Dios, no falló y pudimos, entre risas mal contenidas, concluir la ceremonia.

Esto me recuerda que la presencia de Monseñor Eduardo daba un sentido muy familiar y muy agradable al retiro, a pesar de que los predicadores salían, casi siempre, del propio clero o predicaba el mismo Obispo. Nos sentíamos muy a gusto y aprovechábamos ilusionados aquellos días, que se nos hacían cortos. Casi tan cortos, como las sábanas que nos ponían las buenas carmelitas (a quienes familiarmente llamábamos "las Juyú"), que no había forma de que cubrieran la cama, por lo que algunas veces hubo que llevar sábanas propias.

Así se ve el incomparable lago Atitlán desde Karmel Juyú. Quien lo ha visto alguna vez no lo olvida.

Preparando el 17º aniversario de Mons. Eduardo Fuentes

Preparando el 17º aniversario de Mons. Eduardo Fuentes

Traigo hoy al blog un fragmento de la presentación del acto de homenaje a Mons. Eduardo, que celebramos en Sololá el 20 de agosto de 1997, al mes de su fallecimiento y día de su cumpleaños. Esto dije con tal motivo ante unos cientos de personas en el Salón de actos de la Escuela Tipo Federación:

Monseñor Eduardo Fuentes quiso de verdad a Sololá. Lo prueba el hecho de elegir descansar para siempre en su Iglesia Catedral, a los pies de la Virgen de los Dolores, patrona de la Diócesis.

Pero, ese amor suyo no fue recurso de última hora, ocurrencia tardía, decisión final precipitada, sino consecuencia de años de convivencia, de trabajo callado, de trato delicado, constante y continuo, con los hombres y mujeres de esta hermosa ciudad. Fue consecuencia de su entrega fiel, que transcurrió, por querer de Dios, bajo este cielo, sobre este suelo y en servicio de quienes viven, sufren y gozan aquí.

Y Sololá agradece a Monseñor Eduardo su cariño verdadero, acudiendo hoy a este acto, que quiere ser todo un símbolo de verdadera compenetración entre esta porción del rebaño diocesano y su generoso Pastor. Disfrutemos, pues, estos intensos momentos, confiando que él los festeja también desde el cielo y a quien nosotros nos unimos desde esta tierra y esta ciudad que son ya para siempre suyas. Vayan por su persona los aplausos todos de este pueblo que lo quiere de verdad.

La foto es de la Virgen de la Concha, patrona de la Diócesis de Sololá-Chimaltenango, a cuyos pies reposa, en espera de la Resurrección, el recordado Obispo Monseñor Eduardo Fuentes.

Unido en el recuerdo a los sacerdotes de Sololá

Unido en el recuerdo a los sacerdotes de Sololá

Que hoy celebran el día del Sacerdote Exalumno del Seminario, que me trae el recuerdo de mis tiempos de formador en el Seminario.

He encontrado, revisando papeles, una entrevista de hace ya veinte años (1994) que me hicieron los seminaristas que elaboraban el periódico interno "Semetabaj". Me ha dado alegría ver que los sueños de entonces son ahora una gozosa realidad, gracias a la magnífica labor de los actuales formadores, entonces aún alumnos. Me uno, por ello, a su acción de gracias y al gozo de todos los sacerdotes que han salido de ese querido Seminario.

Esta es una parte de la entrevista:

P. Ángel, como rector del Seminario de Sololá ¿cual es su objetivo principal?

Consolidar el Seminario en su espíritu y en sus estructuras, pues está todavía muy joven y poco desarrollado. Para ello hay que ir formando un equipo competente e integrado de formadores, y ello no resulta fácil.

Después hay que ir creando toda una tradición sacerdotal en las diócesis que nos envían sus seminaristas. En la mayoría de ellas los sacerdotes han venido de fuera y no se sabe cómo debe funcionar un sacerdote nacido con mentalidad y cultura locales.

En tercer lugar hay que arreglar el tema económico, procurando que aumente la ayuda diocesana y que no haya que depender mayoritariamente de la ayuda extranjera.

¿Cómo se siente al tener como colaboradores a algunos sacerdotes salidos ya de este seminario?

Es la mayor de las satisfacciones, pues se va cumplendo el primer objetivo. Al mismo tiempo es una gran responsabilidad pues no se les puede exigir a ellos lo que uno no está dispuesto a dar.

Usted que proviene de una diócesis con una larga tradición ¿qué diferencia ve con nuestras jóvenes iglesias?

Ciertamente todo es aquí muy distinto a lo que yo he vivido en mi tierra de origen. Y considero que tanto acá como allá, hay cosas malas y buenas, dificultades y oportunidades, gracia y pecado.

Acá casi todo está por hacer, con la ventaja de que pueden hacerse innovaciones sin problemas, pero con el inconveniente de que pueden resultar fallidas; allá todo está hecho y resulta difícil renovar y mejorar lo recibido, pero se da la ventaja de que la tradición le arropa a uno y es más difícil equivocarse.

Pero, en uno y otro lugar, lo difícil es mejorar día a día la vida de la Iglesia, con toda la riqueza de su misterio y sacar las consecuencias personales y comunitarias que esto implica.

La foto es de aquellos tiempos, en la que aparezco, en El Salvador, con el entonces obispo de Sololá, Mons. Eduardo Fuentes, de feliz memoria.

Compañerismo parroquial

Compañerismo parroquial

Hoy concluí los días de sustitución de mi vecino de parroquia que está realizando su convivencia sacerdotal.

Es un gusto hacer este servicio, que es, además pago justo de la sustitución que él me hizo hace pocos días en mi parroquia.

Así, ayudándonos uno a otro, podemos descansar, formarnos y tener la seguridad de que nuestra feligresía está bien atendida ¡Un gusto realizar este servicio y haberlo disfrutado antes!

La foto está tomada en Cuatro Vientos, Madrid, en plena JMJ: Ahí estamos los buenos compañeros, con el querido P. Tolo.

Nueve años de ausencia: P. Juan Izquierdo Brousset

Nueve años de ausencia: P. Juan Izquierdo Brousset

Se cumplieron nueve años del fallecimiendo del Sacerdote Don Juan Izquierdo el pasado 20 de junio. Estos días lo he recordado con agradecimiento y nostalgia. Con él compartí la mayor parte de los años que viví en Guatemala, llenos de trabajos, alegrías e ilusiones compartidas. El sabía escuchar, corregir, ayudar, apoyar, estar al lado y sonreir. Que Dios le premie sus desvelos sacerdotales y que nos guarde y ayude desde el cielo a tantos amigos como dejó aquí en la tierra.

La foto es de la portada del folleto que publiqué el año 2005, año de su fallecimiento.

Este es un resumen de su biografía: Nació en México el 20-VII-1932. El 3-IX-1950 pidió la admisión como Numerario. Dos años después se trasladó a Monterrey para iniciar la labor del Opus Dei en esa ciudad y continuar sus estudios universitarios de Ingeniería Química. Tras doctorarse en Derecho Canónico, recibió la ordenación sacerdotal el 9-VIII-1959. Desde entonces trabajó en Guatemala. Fue Consiliario del Opus Dei en Centroamérica de 1962 a 1966. En las últimas décadas se entregó abnegadamente a la atención de seminaristas y sacerdotes, especialmente de la   Diócesis de Sololá, de cuyo Seminario Mayor fue director espiritual. Además, en la Arquidiócesis de Guatemala fue Juez de los Tribunales de la Curia Eclesiástica. También ha sido Postulador de la causa de beatificación del Doctor Ernesto Cofiño. Cuando, en febrero de 2005, le diagnosticaron un cáncer en el cerebro, aceptó serenamente la voluntad divina. Falleció el 20-VI-2005 en Pamplona (España).

Mi buen amigo el Padre Fermín

Mi buen amigo el Padre Fermín

Se nos ha ido de repente, sin hacer ruido, con la discreción y el silencio que le caracterizó siempre. Y nos deja con una losa en el corazón. Porque su reciedumbre, su sencillez y su nobleza le hacía digno de llamarse y ser amigo de verdad.

Lo recuerdo en sus largos años de Seminario, siempre disponible, siempre a lo que se le dijera. Lo recuerdo especialmente en los difíciles tiempos de su ordenación, cuando necesitó ser acogido, acompañado y valorado. ¡Y cómo me alegra haber percibido su valor y haber tenido de la suerte de tenerlo cerca en aquellos primeros y, al fin, felices dias del comienzo de su ministerio sacerdotal!

Especialmente recuerdo la preparación y predicación de la homilía para su Primera Misa Solemne en Tecpán. La preparé con emoción y lágrimas de gozo y la prediqué con un entusiasmo que no se me olvidará jamás.

También me resulta inolvidable la visita que Luis Antonio y yo le hicimos en la Bocacosta, aquella parroquia casi del fin del mundo ¡Cómo disfrutamos haciéndole compañía y obsequiándole cuanto pudimos!

He seguido después, siempre con extrañeza y un poco de admiración, los poquitos nombramientos y cambios que ha tenido. Ultimamente me alegré, y lo publiqué en el blog, por su viaje a Roma con motivo de la canonización de los Papas Juan Pablo II y Juan XXIII. Creo que me alegré tanto, como si yo mismo hubiera ido, porque se merecía de Verdad el gustazo de ese preciado viaje.

Amigo, P. Mincho, mis lágrimas de hoy por tu partida, sean oración y súplica por tu felicidad y tu dicha. Esa que encontraste en esas queridas parroquias, a pesar de los tropiezos que hallaste en el abnegado ejercicio de tu ministerio. Yo me asomo hoy, escondido y sintiendo como nunca la lejanía, a la despedida que te hará tu familia, feligreses y amigos. Con la oración y el recuerdo estoy a su lado rezando y llorando, mientras "algo se me muere dentro porque un amigo se va".

¡Querido Mincho, descansa en paz y que Nuestra Señora del Camino te reciba con un gran abrazo a las puertas del paraíso! ¡Gracias mil veces por tu impagable y leal amistad sacerdotal!

Interesante reportaje sobre la vida religiosa: Hijas de Santa María del Corazón de Jesús

Estas religiosas atienden la administración y servicios del Seminario de Sololá donde trabajé durante 20 años. De su entrega y alegría guardo una inmensa gratitud y buenísimos recuerdos. Explican de maravilla la alegría que produce entregarse a Dios. Que disfruten el video.

Triste despedida

Triste despedida

Y al mismo tiempo, esperanzada. Así he vivido esta tarde, con una multitud, el funeral de Fernando, hermano menor de Luis Antonio Foncea, en su pueblo, Fuenmayor.

La oración, el silencio, y el acompañamiento apretado, ha reconfortado, sin duda, a su familia y a todos los que tuvimos la suerte de ser sus amigos.

Entre tantos recuerdos suyos, me venía a la memoria, la que llamábamos "la Virgen de Fernando", una capillita enrejada de la carretera de Soria, dedicada a la Virgen de Tómalos, en la que él dejaba, deteniendo el coche, siempre que pasaba por allí, unas monedas. Seguro que la Virgen se las paga ahora con creces ¡Descanse en paz!