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Semetabaj Hispano: Espiritualidad, pastoral, cultura y amistad.

Año Sacerdotal

John Henry Newman, sacerdote por encima de todo

John Henry Newman, sacerdote por encima de todo

Un gran sabio, un magnífico escritor, un amigo insuperable, un luchador incansable y... por encima de todo, un sacerdote.

Por eso me alegra que en el año sacerdotal pueda subir a los altares, pues acaba de aprobarse el milagro que se necesitaba para ello.

Cuando hace años leí su "Apología pro vita sua" y una preciosa novela en la que relata su aventura de converso y una impresionante biografía, me admiró su gran sentido sacerdotal: unido a Jesucristo con una vida de altísima oración, unido a los hombres con una lealtad a toda prueba, medió ente su generación para que Dios pudiera seguirse haciendos presente en ella, procurando que las nuevas ideologías no lo impidiesen.

No le fue fácil la misión, pero no se rindió nunca. No fue reconocido e incluso, a veces, fue muy perseguido o postergado, pero nunca traicionó su sacerdocio, ni su fe.

Por eso me alegra que pueda ser beatificado para que los sacerdotes de hoy no nos acobardemos y seamos para nuestra generación lo que John Henry Newman, fue para la suya.

En el año sacerdotal

En el año sacerdotal

Hoy, tras la misa, hemos tenido en la parroquia un tiempo de adoración al Santísimo y petición por la santificación de los sacerdotes.

Un momento breve, pero intenso, siguiendo las indicaciones del Papa para este año.

Esta oración adorante, unida a tantas otras en el mundo entero, confío nos alcance lo que confiadamente pedimos.

Precisamente en estos días volví a mandar un informe a mi obispo para la próxima ordenación del diácono Antonio Arnedo, prevista para el 26 de septiembre. Un momento siempre esperado y siempre feliz el de la ordenación sacerdotal. Ojalá tuvieramos alguna más.

Madurez sacerdotal

Madurez sacerdotal

Estos días de convivencia en Campolargo, Zaragoza, he podido conocer a algunos sacerdotes mayores y apreciar su madurez sacerdotal, discretamente escondida bajo un bastante deteriorado aspecto corporal.

Viéndolos, recordaba yo a muchos amigos sacerdotes jóvenes, y deseaba para ellos, algo de la serenidad, sabiduría, y entrega callada de estos venerables sacerdotes y sobre todo su serenidad y su paz, mezcaldas con una aparente ínfantil alegría, digna de ser envidiada.

Qué pocas profesiones dan la satisfación, estabilidad y madurez, que da un sacerdocio vivido con generosidad. Por eso, viendo a estos sacerdotes, uno se estimula a no dejarse llevar por falsas ilusiones juveniles, sobre todo, si son superficiales, materialistas, sensuales y de poco fundamento... para correr con entusiasmo hacia metas árduas que exigen esfuerzo pero que llenan el corazón, sobre todo si son intelectuales, espirituales y sobrenaturales.

¡Animo, pues, a mis amigos sacerdotes jóvenes y gracias, muchas gracias, a los sacerdotes mayores!