La lluvia no pudo con nuestra procesión de Jueves Santo

Dos pasos, preciosamente iluminados, escoltados por la cofradía, los tambores y las tompetas: Cristo con la cruz a cuestas y el Calvario. Las calles de Villamediana se convertían en Jerusalen, viendo pasar al Redentor, tras la última Cena, al Huerto de los Olivos.
Fuerza y devoción en los portadores de estos magníficos pasos. Piedad y gozo en los que acompañábamos, paraguas en mano. No hizo falta abrirlos, pues, tras la lluvia, la noche quedó serena y agradable. Hasta se asomó la luna del plenilunio de primavera, por entre las nuebes, para ver este espectáculo de religiosidad popular y de fe.
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