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La predicación del Beato Newman

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Las predicaciones de Newman en St. Mary’s se volvieron legendarias. Se escribieron muchas descripciones. Las características más frecuentemente anotadas eran la ‘dulzura’ de una voz ‘musical’, profunda y suave; pero también ‘penetrante’ y ‘emocionante’. Esta modulación contrastante era característica mientras él hablaba desde el púlpito; por un lado, era la antítesis de la oratoria formal, pero, por otro,  contenía un misterioso poder propio. El único recurso obvio que utilizaba Newman de la oratoria era la pausa larga, pero esta misma no daba la impresión de buscar impacto en el público, sino que era resultado de la intensidad de sus pensamientos. También era notable que, precisamente en los pasajes más elocuentes, pareciera que el predicador no podía contenerse más y rompía en exclamaciones de gran emoción, con el único propósito consciente de transmitir mejor un mensaje práctico y auténtico, en un lenguaje tan llano y sencillo como fuera posible. Los sermones eran leídos, con pocos cambios en la inflexión de la voz, sin que el predicador gesticulara particularmente y cuyos ojos permanecían fijos en el texto que mantenía frente a él.

La paradoja del poderoso estilo de Newman se ve reflejada en el contenido de sus sermones. Subrayan el misterio del cristianismo, pero, por contraste, no hay nada remotamente misterioso en las exigencias que prescriben para el creyente, La meta que el predicador plantea ante su auditorio es inquietantemente sencilla: ‘No os sintáis satisfechos con nada excepto con la perfección’, aunque uno pudiera pensar que es más idealista que práctico.

El objetivo del predicador era presentar a la persona de Cristo, no ‘de manera irreal, como una mera idea o visión’, sino como ‘las Escrituras nos lo han mostrado durante su estancia sobre la tierra, en sus gestos, sus palabras y sus hechos’. En vez de utilizar ‘expresiones vagas sobre su amor, su disposición para recibir al pecador, su llamada al arrepentimiento y su ayuda espiritual’, los sermones presentan a ‘Cristo tal como se manifiesta en los Evangelios, el Cristo que existe allí, externo a nuestras fantasías, realmente como un ser viviente’. Era esta poderosa comprensión imaginativa la que ayudó a lograr que los sermones de Newman en St. Mary’s, el domingo a las cuatro de la tarde, se constituyeran en la fuerza espiritual más potente del Movimiento de Oxford, además de asegurarle un lugar preeminente entre los clásicos de espiritualidad.

He tomado estos párrafos de la biografía del Beato Newman, escrita por Ian Ker y traducida y publicada por editorial Palabra. No necesitan comentario. A mí me ayudan y me estimulan.

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