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Actualidad de la oración

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El relato del Éxodo, que se lee hoy, domingo, en las iglesias, puede parecernos desfasado y provocativo, por moverse en un contexto de conquistas y de guerras, que hoy rechazamos. Pero algo nos quiere decir Dios, con la fuerza narrativa del pasaje, que no tiene que ver con violencias y con luchas militares, sino con victorias y logros salvadores contra el mal, de los que siempre necesitamos. Y nos dice que, en este campo, no hay victoria que no dependa de Dios y que, por tanto, vence al mal el que ora sin cansarse como Moisés y el que colabora, sin cansarse también, con  todo su ingenio y potencia humana, como Josué.

Refuerza esta interpretación el pasaje del evangelio que también leemos hoy, en el que Jesús explica a los discípulos: cómo tienen que orar siempre sin desanimarse, con la seguridad que Dios hará justicia sin tardar a sus elegidos, que le gritan día y noche.

Y, en la segunda lectura de la misa, San Pablo recuerda a su discípulo Timoteo, algo que tampoco debe olvidar un cristiano de hoy: que la Sagrada Escritura “puede dar la sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación.”

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