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A proposito de algunos cambios en mi diócesis

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Se están realizando en mi diócesis varios traslados parroquiales, siempre costosos, que afectan a algunos compañeros sacerdotes. Y de los que no dejamos de hacer comentarios todo el presbiterio.

A este propósito leo en el libro "El Derecho Parroquial" de José San José Prisco: Por el  bien de los fieles o por necesidad o utilidad de la Iglesia, el Obispo puede asignar un nuevo destino al párroco que, si bien estaba dando buenos frutos en el actual cargo, se espera los dé mayores en la nueva responsabilidad, en otra parroquia o en un oficio diocesano no parroquial, porque está adornado de cualidades especiales que se requieren para la misión encomendada.

Ojalá la realidad respondiera siempre a este ideal que señala el derecho, pero se mezclan a veces motivaciones no claras,  aclaraciones no dadas, problemas no resueltos... que el resultado final es más penoso de lo que debiera, con un coste no pequeño para las personas implicadas.

También se dice lo siguiente del proceso para realizar los traslados: El Obispo diocesano hará la propuesta por escrito al sacerdote aconsejándole que la acepte por amor a Dios y a los fieles; si el párroco decide oponerse al traslado, tendrá que exponer sus motivos; pero si el Obispo sigue creyendo conveniente el traslado, examinará el caso con dos párrocos designados por el Consejo Presbiteral y, si el resultado es el de seguir adelante, se lo volverá a comunicar al párroco, exhortándole paternalmente. Si el párroco se niega, el Obispo dará el decreto motivado de traslado al sacerdote y a partir de esa fecha la parroquia quedará vacante. El párroco puede recurrir esta decisión según derecho.

Pueden parecer legalismos estas puntualizaciones, pero no cabe duda de que, estando de por medio personas, todo cuidado, toda prudencia, es siempre poca, y lo más prudente es seguir la ley y no la arbitrariedad. Aunque los sacerdotes seamos personas de fe, no dejamos de ser frágiles personas que necesitan, como cualquiera, cierta protección y que se respete lo establecido, lo mismo que se nos pide que nosotros lo respetemos. No es pues desobediencia exponer con claridad y caridad las dificultades, los obstáculos, y pedir que se examinen y se tengan en cuenta. Y después, que se den razones si no se pueden admitir las objeciones. Siempre se agradecen, aunque no se entiendan. Después de un proceso así, aunque no todo sea liso y llano, sí es más fácil la obediencia. Siempre, no obstante, difícil, sobre todo cuando la vida va debilitando  a la persona y sacando a luz sus fragilidades y limitaciones.

Feliz traslado para los implicados... Y, todo sea por el bien de la Iglesia...

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