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Sacerdote a lo grande: San Agustín

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En el año sacerdotal merece celebrarse con ganas: porque fue un sacerdote tallado sobre tronco fuerte, abrupto, pero un sacerdote que se dejó tallar por la Gracia de Dios.

Para que también nosotros nos dejemos: aunque seamos torcidos, o nos haya retorcido la vida; aunque seamos rudos, aunque seamos tercos...

La Gracia de Dios es mucha gracia y hace maravillas. Más si ha sido arrancada por las lagrimas orantes de una madre.

No olvidemos que la Madre de todos, María, no deja de orar por nosotros, derramando a veces muchas lágrimas. A ella nos encomendamos al preparar su fiesta de la Natividad: ¡Santa Madre, ruega por nosotros, los sacerdotes y los que se preparan para serlo!

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Autor: MILO

Y A SU PROTECCIÓN NOS ENCOMENDAMOS EN ESTE AÑO SACERDOTAL.

Fecha: 28/08/2009 21:21.


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