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Fiesta de la dedicación de mi iglesia parroquial

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La he celebrado este domingo con gran solemnidad y alegría.

En la homilía tomé una referencia del Papa en un escrito antiguo que decía así: En el mar los peces callan, en la tierra los animales gritan, y en el cielo las aves cantan. Pero el hombre puede hacer las tres cosas: callar, gritar y cantar. Hoy parece que todo pretende reducirlo a tierra y por eso predomina el grito, en detrimento del silencio y el canto.

Aplicaba yo el dicho a la fiesta de la dedicación de mi iglesia, enfatizando que, gracias a ella tenemos un sitio para callar y poder escuchar a Dios, que no habla en el bullicio, y para cantar. No sólo cuando se está borracho -he subrayado con fuerza-. También cuando se pierde un ser querido, cuando se sufre, porque aquí encontramos esperanza, una esperanza que nos permite cantar, incluso cuando humanamente sólo se ven razones para llorar.

Ojalá -he añadido- transmitamos a la generación futura este espacio y el sentido del mismo, como nos lo legaron a nosotros, pero útil y frecuentado, para que sea vivo y comunique Vida. La que Cristo nos indicaba en el evangelio de este domingo: "El que me come vivirá por Mi".

La foto me la hizo el P. Miguel Angel y es del Sagrario de mi parroquia de Villamediana ¿A que es precioso en su barroquismo? ¡cómo será Quien está en él Guardado!

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