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A los Obispos de Guatemala en el año sacerdotal, de un sacerdote que los aprecia por haber trabajado veinte años en su querida tierra

A los Obispos de Guatemala en el año sacerdotal, de un sacerdote que los aprecia por haber trabajado veinte años en su querida tierra

Queridos Obispos guatemaltecos: Me permito por este medio, tan abierto y poderoso como es la Red, comunicarme con ustedes para hablarles de su interesante escrito: "Carta de los Obispos de Guatemala a sus sacerdotes en ocasión del Año Jubilar Sacerdotal". No me arrogo más título para hacerlo que mi amor a Guatemala donde he pasado años muy felices de mi vida sacerdotal, ayudando, en el Seminario de Sololá, a la formación de algunos de sus sacerdotes, de los que me siento amigo y a los que aprecio de verdad, por lo que sigo con gran interés todo lo que les afecta.

El caso es que he leído y releído su Carta y me siento conmovido, sobre todo cuando dicen a sus sacerdotes: Ustedes son nuestros más preciados colaboradores y hermanos, con quienes compartimos la común vocación al servicio de la reconciliación del mundo con Dios, con ustedes caminamos en lo cotidiano de la vida de nuestras diócesis y parroquias, y son ustedes a quienes de modo privilegiado debemos nuestra labor episcopal y nuestra propia alegría ministerial (pág 4). Creemos que nuestra vocación y la de ustedes es un regalo de Dios para su Iglesia (...) Sabemos y sentimos cómo las comunidades parroquiales y las personas de nuestro pueblo los aprecian profundamente como un don de Dios. (...) ¡Cuánta credibilidad tienen ustedes en medio de ellas! (pág 5).  Contamos con todos y cada uno de ustedes, y agradecidos, los animamos a realizar su ministerio y vida con un continuo espíritu de acción de gracias a Dios (pág 7). 

Queridos Obispos guatemaltecos, sé que todo esto lo escriben de corazón. Se lo agradezco de veras, y pienso que lo mismo les dirán mis amigos sacerdotes y seminaristas guatemaltecos. Pienso que ellos necesitan oirles estas cosas, para que las puedan recordar cuando ustedes mismos, en nombre de Dios o la Iglesia, les pidan sacrificios o renuncias, que les cuestan.

Y me atrevo a pedirles, (disculpen el atrevimiento) que, siendo cierto lo que dicen, no teman a sus sacerdotes: diganles con cariño la verdad, con delicadeza, como ustedes saben hacerlo. Aunque sea dura, aunque cueste decirla. Si ustedes mismos no juzgan conveniente hacerlo en persona, pidan colaboración de algún sacerdote de prestigio que tengan cerca, que siempre los hay.Y, les aseguro, en mi humilde pero larga esperiencia de trato con muchos seminaristas y sacerdotes, que al amor auténtico, ninguno se resiste. Y, cualquier sacerdote, si se siente querido, no sentirá ser corregido. Es un trauma decir cosas verdaderas, si son desagradables o duras, pero trauma mucho más que no se digan a tiempo. ¡Ah! Y no se cansen de pedir clara y explícitamente a sus sacerdotes que, para entregarse a ese pueblo querido, no dejen de rezar cada día el Oficio Divino, la Misa y... hasta el Rosario. Sus sacerdotes se dejan llevar muchas veces por un activismo fatal que termina malamente, y, por ello agradecerán que se les recuerde estas cosas, y no les consideraran pesados si lo hacen.

Al menos, si no leen ustedes esta carta, pues no me siento tan importante como para que lo hagan, espero que mis amigos, que siguen mi blog, no se olviden de vivir esto último, porque pienso que es importante. Al menos a mí me ayuda y por eso lo recomiendo sin complejos. Además al Santo Cura de Ars le resultó muy eficaz.

Y para despedirme, queridos Obispos guatemaltecos, gracias por permitirme esta licencia, gracias por su magnífica carta y cuenten siempre con mi amistad y estima. Que Santa María del Rosario, patrona de Guatemala, les siga cuidando y dando fuerzas para estimular mucho a sus sacerdotes ¡tan magníficos, tan esforzados, tan buenos amigos!

Atentamente en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote

P. Angel Mª Pascual

 

2 comentarios

P. Miguel Ángel -

¿A qué se reduce un sacerdote si obvia demasiado lo divino para lo que se ha ordenado? ¿A qué se reduciría un sacerdote sin la Santa Misa, sin la oración? Los fieles necesitan un hombre de Dios, más que un “resolvedor” de problemas materiales y psicológicos. Sólo estando cerca de Dios podrá ayudar verdaderamente a los hombres, en sus distintas necesidades.

MILO -

SIN DUDA ALGUNA UN EMPUJE FUERTE PARA LOS QUE NOS DIRIGIMOS AL SACERDOCIO. QUE EN ESTE AÑO SACERDOTAL CRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE SEA NUESTRO EJEMPLO.