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¡Apresurarse que Dios se acerca a nosotros!

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Comienza para todos un tiempo de ajetreo comercial, de idas y venidas, de preparativos para la Navidad. Y para los creyentes debiera ser también especialmente movido porque tenemos que preparar el corazón, los deseos, las actitudes para un encuentro con Dios, que está más cerca de lo que pensamos.

Todas las lecturas bíblicas de la misa de este primero de los cuatro domingos de adviento nos invitan a ponernos en esa tensión, saliendo de nuestro letargo habitual.

La primera, tomada de los oráculos del profeta Isaías, es un apremio a dejar las comodidades del valle para subir a las alturas, y a no enzarzarnos en discusiones y guerras para trabajar por la paz, caminando a la luz y libertad de Dios, en vez de a la sombra oscura de los poderosos de la tierra.

La segunda lectura nos transmite la fuerza de un creyente auténtico como fue San Pablo, que inspirado por Dios, escribe a los primeros cristianos algo que parece dicho para nosotros hoy: Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo, y que el cuidado de vuestro cuerpo no fomente los malos deseos.

Y el evangelista San Mateo, cuyo evangelio iremos leyendo a lo largo de este nuevo año litúrgico, nos transmite unas inquietantes palabras que nos debieran remover: Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.

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