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Mi predicación del primer día de la novena de la Inmaculada en la Iglesia de Santiago el Real de Logroño

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Escucha: Mt 4, 18-22. Pasando Jesús, vio. Y les dijo a los que vio: “Venid y seguidme”. Pasando adelante vio a otros dos, los llamó también e, inmediatamente, dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

 

Reflexión: Iniciamos la novena de la inmaculada en este marco imponente de la Iglesia de Santiago el Real: 9 días con la única mujer que no ha conocido ni sombra de pecado. 9 días para contagiarnos de su atrayente limpieza de corazón y de espíritu. 9 días para acogernos a su protección maternal. 9 días para, estando a su lado, sentir el paso de su divino Hijo, dejarnos mirar por Él y escuchar lo que quiere decirnos, lo que tiene que decirnos, lo que no dejará de decirnos en estos días de gracia, para hacernos lo felices que queremos ser, lo felices que necesitamos ser.

 

Para eso, cada uno de estos 9 días quisiera con vosotros escuchar a Dios, reflexionar con María Inmaculada en la Palabra divina escuchada, contemplar algo del misterio salvador que esa palabra transmite, y sacar juntos un compromiso que haga eficaz esta escucha, esta reflexión y esta contemplación de cada día.

                                                                                    

Contemplación: En el día primero de la Novena os invito a contemplar, con ojos limpios, como los de nuestra Madre Inmaculada, a su Hijo Jesús. A contemplarlo sin verlo, a contemplarlo, creyendo. Pero aunque no lo veamos, sabiendo y teniendo la certeza absoluta de que “donde dos o tres nos reunimos en su nombre, Él está presente en medio de nosotros, como Él mismo nos aseguró”.  Y, además sabiendo también con toda seguridad y consuelo, que podemos contemplarlo porque Él no es una idea, sino una persona.  Por su divinidad, totalmente invisible; pero, gracias a la carne que le dio su Madre Santa María, con capacidad de ser mirado y admirado, y acompañado, y querido. Lo contemplamos hecho niño en Belén; y pasando junto al lago de Galilea como lo vieron San Andrés y San Pedro y Santiago y San Juan, según escuchamos en el Evangelio. Y muerto en la cruz, y resucitado, y, sobre todo, dentro de unos momentos, sobre el altar, oculto en el pan y el vino, recién consagrados.

 

Compromiso: Y como fruto de la escucha, la reflexión y la contemplación de este primer día, os sugiero el compromiso de aprovechar este tiempo de oración, de adoración y de conversión que son estas  nueve Misas de la novena,  y para aprovecharlas a tope, no dejar de confesar cada uno sus propios pecados, aprovechando que, en estos días y en esta iglesia, habrá confesores a disposición de quien lo desee. Creo que merece la pena. Creo que María Inmaculada lo espera y lo merece ¡No la defraudemos!

30/11/2010 17:55 Angel María Pascual #. Pastoral

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