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Un fragmento de mi colaboración última en el Semanario Diocesano

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Unos minutos para la lectura del Evangelio pueden cambiar una vida. Unos minutos de reflexión bíblica dan serenidad y motivan la alegría que hoy tanto escasea.

En los viajes, en el descanso, en las esperas, cabe ese instante para escuchar a Dios y responderle con una oración espontánea.

En los senderos de montaña, bajo el sol de las playas, en el campo, haciendo el Camino de Santiago, descansando o disfrutando el frescor de los pueblos de la sierra, o a la orilla de los ríos, cabe un momento de lectura bíblica que oriente hacia lo grande, hacia lo permanente, y nos libre del agobio de lo inmediato, de lo oscuro de todos los días.

Cuantos consejos se nos dan  para mantenerse ágiles, esbeltos y sanos y qué pocos para regenerase por dentro, para motivarse, para mirar al futuro con posibilidades y con esperanza cierta. Unos minutos de lectura bíblica, pueden darnos esas motivaciones que cambiarán nuestras vidas, aunque nuestra figura no sea todo lo atlética que nos gustaría. Pero poco importará un exterior deteriorado si lo de dentro funciona. Merece, por tanto, la pena encontrar ese tiempo para abrir el libro de los evangelios y recibir en el corazón el frescor del aliento divino que contienen sus palabras inspiradas.

¡Qué verano tan provechoso nos espera si lo hacemos así, y qué otoño tan esperanzado lo seguirá, sin duda! ¡Feliz mes de agosto, pues, y que no falte en él un tiempo para la Biblia!

21/07/2010 23:47 Angel María Pascual #. Pastoral

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