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En Madrid

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Acabo de estar en Madrid con mi familia y he podido disfrutar también unas horas de esta hermosa y ajetreada ciudad. En la tarde del lunes, tras visitar dos maravillosas librerias, donde pude ver las últimas novedades bibliográficas, me dí un paseo hasta el Palacio Real y la Catedral de la Almudena. Ver la armonía de estos singulares edificios en un atardecer primaveral es cosa de ensuño. Ante la Virgen de la Almudena recé con gran paz, mientras la mirada se derramaba por el precioso retablo del siglo XV que enmarca la Imagen venerada de la Patrona de Madrid. Hice la visita al Santísimo en su capilla, tan moderna y tan clásica, y después recé ante la sonriente imagen de San Josemaría.

Caminando tranquilo, al salir, por los jardines de la Plaza de Oriente me distraje contemplando las estatuas imponentes de los reyes godos y los jardines ya florecidos en esta aún incipiente primavera. El sol iluminaba la fachada del teatro real y yo caminaba cargado de libros hacia la estación de metro de Ópera. Fue una deliciosa tarde.

Ahora estoy en Villamediana, en mi iglesia, distinta de la Almudena y en mi casa, donde el pintor no termina con su tarea de renovar paredes, puertas, radiadores, escaleras y demás. Pero va quedando preciosa y ya no parece tan vieja y ruinosa. Aunque espero que cuando me pase la factura no me aruine económicamente la parroquia.

Rejuvenecido y renovado con el aire madrileño y reconfortado con la convivencia familiar, estoy de nuevo en la brecha, dispuesto a seguir trabajando con toda ilusión...

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