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Mi celebración de la fiesta de la Asunción

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Este año celebré la Asunción de modo distinto a otros años. Pero lo hice con la misma alegría. Además tuve la suerte de que me llamaran por teléfono algunos amigos, que me hicieron revivr recuerdos y añoranzas de otros tiempos.

Prediqué sobre el significado de esta fiesta, que, para mí, significa el triunfo del espíritu sobre la materia. Un triunfo que exalta, sin embargo, a la materia. Les dije a mis feligreses que necesitamos esta fiesta para que no intentemos someter lo mejor de nosotros a lo más bajo, sino al revés. Y el triunfo de María nos asegura que ésto es posible.

Pasé la tarde acompañando enfermos. Ellos me hicieron sentir que es verdad lo que prediqué en la mañana: que el espíritu eleva a la materia y le da sentido.

Con el recuerdo me uní a la procesión y a la misa en que participaron mis amigos sololatecos. Con ellos le pedí a la Virgen que nos lleve de su mano hacia la altura, que nos nos empequeñezcamos, que seamos optimista, porque, con María, el triunfo es nuestro. Y me imaginé postrado de rodillas ante la apreciosa imagen de la Asunción, que se venera en la Catedral de Sololá, escuchando la respuesta inequívoca de María: Confía en mí.

Invito a mis amigos a esta confianza en la intercesión de Santa María. Ella no se fue al cielo para desinteresarse de nosotros, sino todo lo contrario. Nos cuida, nos quiere, nos guía y nos protege.

Qué hermoso haber celebrado un año más esta fiesta. Que gusto saber que el manto de la Virgen es tan amplio que nos cubre a todos aunque nos separe la distancia. Bajo este manto nos sentimos cercanos, nos sentimos seguros, nos sentimos esperanzados.

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