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Regreso a casa

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La tarde está lluviosa y el ambiente invernal, pero el corazón, esponjado y feliz, tras haber vivido unos días de cielo, predicando y animando a estos diez y nueve jóvenes que son  una promesa y una esperanza para la Iglesia y sus diócesis españolas.

Me alegra haber aceptado esta invitación, porque yo he sido el primer beneficiado. El entusiasmo y la alegría juvenil se contagian. Y he podido compartir con ellos recuerdos, experiecnias y aventuras de mis años de formador de Seminario. Gracias a Dios, he podido desempolvar esos importantes recuerdos, que se me iban desdibujando poco a poco, a fuerza de monopolizar mi ministerio el trabajo parroquial.

Vuelvo, pues, a la parroquia feliz y contento. Espero que las celebraciones parroquiales no hayan sufrido detrimento y hayan transcurrido sin novedad. Gracias a los compañeros que las han hecho posibles.

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