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Participación, entusiasmo, alegría, a pesar del calor y el cansancio.

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¡Escríbeles! ¡Escríbeles! decía el P. Abelardo cuando sucedía algo singular en Gutemala. Y lo mismo nos decimos, el P. Tolo, Luis Antonio y yo, viendo algo inaudito, inenarrable en las calles de Madrid.

De todos modos, imposible contar y hacer sentir el ambiente, la aegría, la explosión de juventud, el número incalculable de jóvenes, de sacerdotes jóvenes, de religiosos y religiosas jóvenes... Uno se siente todo un personaje mayor, viendo esta maravillosa juventud del mundo entero.

Madrid está totalmente "invadido" de juventud, me decía un amigo.

La Misa de ayer con Mons. Rouco, fue conmovedora. Ya quisiera para nuestro presbiterio una devoción de los más de ocho mil sacerdotes que concelebramos. No se oía ni respirar y, en vez de parecer que estábamos en la calle, se diría que nos envolvía una celeste catedral. Madrid parecía el cielo, en un atardecer luminoso, caluroso, lleno de piedad.

Mi fotografo, P. Tolo, no puede conectarse a este ordenador, porque se aloja con el grupo de riojanos, bastante lejos del centro de Madrid. En cuanto pueda publicaremos una selección de fotografías que encantan. Luis Antonio y yo estamos de maravilla en casa de mi hermano, cerca de los lugares donde se celebran los actos principales y ello me permite escribir esta crónica de urgencia, pero sin fotos.(Las fotos actuales las colgué el lunes al regresar a la parroquia)

Hoy estuvimos en el gran parque del Retiro, donde la impresión no nos dejaba hablar. Aquello no se puede describir. Allí se palpaba la gracia, la alegría, el perdón, el futuro... Las filas de blancos y coquetos confesonarios parecía una llegada a puerto seguro, tras la tempestad, Pues estaba el parque lleno de velas blancas, de reconciliación y de conversión. Las diversas congregaciones, movimientos, obras parroquiales, exponían, cerca de los confesonarios, a los jóvenes sus variadas actividades y explicaban su carisma. Y los jóvenes recorrian el parque reflexionando unos, cantando otros, y algunos descansando o agitando sus pancartas y banderas.

Las calles son una fiesta donde todos se saludan, se sonríen. Algunos rezan y todos impresionan y se quedan impresionados. Los establecimientos están encantados con la amabilidad y aportación de los peregrinos. En fin, que si alguno tenía dudas de venir o no venir, que se anime y venga.

Ya he saludado a varios conocidos de Guatemala, El Salvador y muchas partes de España. Esto es ya una maravilla ¿Qué será mañana?

Hoy presidí la misa en una parroquia del centro de Madrid y les dije a los Madrileños que esto es el cielo, que lo están haciendo muy bien, que les agradecemos su acogida, su organización, su amabilidad. Ya lo dice el refrán: "De Madrid al cielo".

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