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El alimento de Dios

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“Jesús alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio”

Y el mismo Jesús, Dios encarnado, vuelve a realizar estos gestos, a través de los sacerdotes, y vuelve a alimentar a la multitud hambrienta que somos los hombres y mujeres de hoy en cada celebración eucarística. Si fuéramos más conscientes a la hora de recibirlo en la comunión nuestro mundo sería distinto, sería mejor ¡Gran tarea para jóvenes y menos jóvenes! ¡Gran responsabilidad!

Nos apena el hambre material, pero no menos, el deterioro espiritual de tantas mentes escuálidas, de tantos corazones vacíos y  de tantos espíritus desesperanzados. Tenemos el remedio a nuestro alcance: dar el alimento de Dios a nuestro mundo hambriento, acercarlos a la Eucaristía. Este mes de agosto, en Madrid, todos estamos convocados por el Papa a realizar, con empuje juvenil, esta tarea ¡No le defraudemos!

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