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En la fiesta de San Martín de Tours

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He predicado en la vecina parroquia de Alberite, diciendo entre otras cosas lo siguiente:

No podemos dejar de evocar, en esta fiesta de San Martín, su caridad juvenil, cuando era soldado en el poderoso ejército romano de las Galias y todavía no había recibido el Bautismo, aunque asistía a la catequesis para prepararse a recibirlo:

Haciendo la ronda nocturna –cuentan sus biógrafos- en un frío día invernal vio a un pobre medio desnudo, que le pedía limosna. Y el joven soldado Martín, no teniendo monedas que darle, tira de espada, parte en dos su cálida capa militar y le da la mitad al mendigo. A la noche siguiente se le apareció Jesucristo en persona diciéndole: “Martín, aún catecúmeno, me ha cubierto con esta capa”. Con qué viveza y con qué gracia reproduce esta escena, vuestro impresionante retablo mayor.

 

Y cómo debiéramos pedir a san Martín que nos dé algo de esa caridad suya, de ese ingenio suyo, de ese modo de ser pronto y decidido cuando se trata de ayudar al prójimo con urgencia y sin dilación.

Cambiarían sin duda muchas cosas esta sociedad nuestra, tan poco imaginativa, tan poco caritativa, que no sabe compartir, porque ha olvidado cómo hacerlo, a fuerza de promover el placer fácil, el disfrute egoísta y  la interesada corrupción.

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