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Nombramientos pastorales

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Hoy estuve compartiendo descanso y plática con mi vecino de parroquia y compañero riguroso de seminario, que ha sido trasladado al recibir un nuevo nombramiento de párroco.

Estos traslados siempre son costosos. Los criterios para realizarlos suelen ser un misterio que conoceremos en la otra vida, porque en ésta, no hay modo. No es fácil entender y exigen, por ello, una gran fe. Ayudar al compañero en estas circunstancias, pienso que es vital. Con nuestras risas, con el recuerdo de los tiempos de seminario, con el compartir mesa y amistad, nos ayudamos mutuamente los sacerdotes. Pero ¿qué pasa con quien está solo, sin compañero con quien compartir, sin amigo en quien confiar?

No nos quedemos solo cuando nos angustian nuestros nombramientos pastorales. O cuando no sabemos bien si nos gustan o nos disgustan. Son una ocasión más para buscar la amistad y reir juntos, y recordar, y creer y vivir... Especialmente en este año sacerdotal...

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