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La alegría de bautizar y llevar la comunión a los enfermos

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Ayer celebré tres ceremonias en los que fueron bautizados ocho niños, uno ya de nueve años, que se ha preparado también para recibir la Primera Comunión.

Fueron unas hermosas y gozosas celebraciones, hechas con mucha ilusión, con su recepción de los bautizados a la puerta de la iglesia, su procesión a la pila bautismal y su procesión al altar. Al final, además, vamos ante el altar de la sagrada familia para encomendar a los nuevos cristianos a la Virgen.

Esta mañana he llevado la comunión a dos enfermos, que se han alegrado tanto que me he emocionado. La señora que se desmayó en la misa el domingo pasado era uno de ellos. Se llama Mari y vive frente a la iglesia (esto para Milo, que me preguntaba que de quién se trataba).

Así he cumplido lo que he predicado en la misa dominical: "Palpar" al Resucitado en la Iglesia de hoy es posible a través de los sacramentos, donde no sólo tenemos su presencia, sino también su humilde apariencia, accesible a nuestros sentidos, que nos conforta.

Por la tarde he compartido el paseo y la conversación animada con dos compañeros sacerdotes. Un bonito domingo de pascua, que ya prepara el DOMINGO HERMOSO DEL BUEN PASTOR. Felicito de antemano a mis amigos, pastores de comunidades cristianas dispersas en la distancia, pero cercanas todas junto al corazón del Buen Pastor.

 

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