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Ayer hizo treinta años fui ordenado diácono

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Y le doy gracias a Dios por las maravillas realizadas a través del ministerio que me fue confiado.

Han sido treinta años intensos y felices.

No han faltado las penas, pero ganan las alegrías. Sobre todo las alegrías vividas en mis veinte años de formador de sacerdotes. Es más lo que aprendí que lo que enseñé. Intenté enseñar a ser sacerdote y aprendí, enseñando, a serlo. Y he sido muy feliz en ese aprendizaje, porque más que maestro me sentí siempre amigo y compañero. Por eso me hizo muy feliz siempre ver cómo mis alumnos se convertían en mis hermanos y no me siento desplazado cuando veo que ellos han recogido el testigo y son ahora magníficos continuadores de mi función de formador.

De los treinta años de ministerio, veinte los pasé en Sololá. Allí he dejado mi corazón.

Agradezco a quienes en estos años me ayudaron a trabajar, a luchar, a ser feliz en el servicio ministerial.

"Ad multos annos!"

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